—Estas loca Jessica, ¿ cómo te vas a ir? ¿olvidas el contrato que has firmado? Te hice un contrato de seis meses y …—dice la señora pues la alcanzo en la puerta antes de que pudiera irse.
—¿Seis meses señora Thompson? Usted dijo que estaría a pruebas solo tres días mientras usted regresa y …
—Es que lo pensé mejor señorita, ¿usted no lee bien los documentos antes de firmarlo?
Frunzo mi entrecejo.
—Pero , no puedo cuidar a alguien como el señor Thomson. Él no quiere ser cuidado y no me dejará hacer mi trabajo y…—La señora pone las manos sobre el espaldar del sofá mientras me mira con gesto fastidiado. Miro que ya las maletas están en el piso.
—Crei que eras una enfermera competente Jessica.
—Lo soy señora … pero…—Ella hace un gesto confundido.
—¿ Te hizo algo mientras subiste a llevarle las aspirinas Jessica? ¿ es eso? ¿hizo algo que te molestara o incomodara?—hago una negación y la miro con gesto nervioso. Entonces desvío la mirada mientras evito sus ojos verdes que me miran de modo penetrante.
—No… no señora, ¿ cómo se le ocurre? Yo .. yo solo …
—Entonces no hay más nada que decir , te quedas, cumplirás con el contrato. Mira, pongamoslo así, Richard es muy terco, si yo no estoy no seguirá con el tratamiento ni las terapias y empeorará su crisis de ansiedad y … es mucho para soportarlo. Me iré muy tranquila sabiendo que no estará solo. Adiós , nos vemos pronto —Llama al chófer y este viene a buscar el equipaje. Suspiro resignada. Ni modo. Tendré que ver cómo hago para sobrevivir al señor Thomson y su carácter del demonio.
Camino entonces a mi habitación y reviso la agenda medica del señor Thomson. Por hoy no le faltan medicamentos. Parece que el señor sufre de estrés post traumático desde ese accidente y tiene días buenos y otros muy malos. Además le gusta cenar justo a las ocho y debo leer para él un libro a las nueve pm. Según contribuye a su relajación. Ya entiendo lo del libro sobre su almohada.
Voy a la cocina a asegurarme del menú para la cena.
—El señor solo cenará huevos hervidos y un yogur. Yo me encargo de sus alimentos señorita —dice la cocinera.
—¿ Asunción, verdad?—Me presento. Ella asiente. Entonces le sonrío amable.
—Creo que el señor debe comer mejor para recuperarse y no estar tan amargadito , ¿ no cree?—Me produjo confianza y me atreví a hacer ese comentario pues, algo así como para establecer un vínculo amigable entre ambas. Ella ríe cómplice.
—¿ Usted cree señorita? Es deportista, cuida mucho su cuerpo. Pero últimamente parece que no le apetece comer.
—Seguro está triste, ahora que la señora se fué se sentirá solo. Es normal que su ánimo decaiga pero no hay nada que una buena cena no mejore. Dejemelo a mi Asuncion y ya verá como mañana tendremos a un señor Thomson mucho más animado—Ella abre su boca a punto de decir algo. Luego se muestra indecisa y finalmente se ocupa de la cena para nosotras y yo de la del señor.
Como el señor Thomson se cuida, y vaya que lo hace… me quedo pensando un instante en lo sucedido temprano y en como él… en cómo él… vaya, suspiro y conduzco mis pensamientos por un lugar más prudente antes de cortarme por andar pensando tonterías. Le preparo arroz integral , ensalada de verduras aderezada con especias aromáticas y carne magra. Al poco tiempo el delicioso aroma impregna la cocina.
—Creo que el señor disfrutará la cena. Huele delicioso —dice Asunción entrando. Yo sonrío complacida ante su cumplido. Y finalmente un poco antes de las ocho Asunción va a servir la mesa. Enseguida se me ocurre poner una vela en el candelabro. Luce bonita y aunque él no pueda verla sentirá su calor y fragancia y puede darle un poco de serenidad a su espíritu.
—Que bonita quedó la mesa señorita, hace mucho que no se arreglaba , el señor come solo la mayoría de las veces y como no puede ver—suspiro y entonces él entra al comedor y se sienta. Permanecemos ambas en silencio a su lado por si se le ofrece alguna cosa. Muero por ver su reacción al probar los alimentos.
—Greice—Menciona sin probar bocado. Asunción corre para buscar al ama de llaves. El aspecto del señor Thomson es hostil. Luce molesto. Yo intento ni siquiera respirar. Entonces …
—¡ Greice!—grita está vez y el ama de llaves corre hasta el comedor seguida de Asunción.
—Diga usted señor. Disculpe, estaba atendiendo los…
—No te estoy preguntando o ¿si?
—No señor, perdón. Dígame qué necesita.
—La señora. ¿ si se fué? Porque no oigo su respiración y se que no está aquí compartiendo la mesa conmigo.
—Si, señor, partió hace como una hora, ya debe estar en el avión rumbo a… —Él golpeó la mesa.
—A revolcarse con algún amante la muy sin vergüenza. Déjeme solo. Vayanse , las tres —abro mi boca impactada. A la vez me dió tristeza su semblante cuando Greice le dijo que su esposa ya no estaba pero ¿que supiera que somos tres en el comedor cuando ni siquiera abrí la boca?
—¡Vayanse he dicho!, o es que prefieren que las eche de mi casa por rebeldes maldita sea —Las tres corremos fuera de allí.
…
En la cocina.
—Ojalá se sienta mejor cuando pruebe la cena que le has preparado y…—dice Asunción.
—¿ Cuál cena? Es que ni siquiera miré los platos. ¿ Acaso cambiaste el menú que pidió temprano el señor, Asunción?—Asunción me mira con gesto preocupado.
—Fui yo señora Greice.
—Pero… ¿Con que autoridad hiciste algo así Jessica? Y tú, Asunción, sabiendo lo delicado que es el señor con sus comidas y ¿permitiste algo así?
—Ay señora Greice, tal vez sea verdad lo que dice la señorita, ella es enfermera y sabe cómo funcionan estás cosas de la mente y las depresiones, tal vez el señor necesite un cambio de todo para que deje de ser así tan …
—Es enfermera, no psiquiatra, no confundas Asunción—dice con malicia.
—¡ Asunciooooon!—grita de pronto el señor Thomson. Fue un grito aterrador que nos hizo saltar a las tres. Asunción palidece. Entonces me abraza. Se vuelve a oír el grito y además un golpe. La señora Greice nos mira con gesto acusador.
—Yo sabía que este sería el resultado. Ustedes dos son unas …
—Greice, ¡maldita sea! ¿ Dónde están ineptas?—Suelta el señor a viva voz.
—Me va a echar—dice Asunción entrando en pánico. Yo le hago una negación para calmar su ansiedad.
—¿ Están aquí verdad?—oimos de pronto para asombro de las tres. El señor vino hasta la cocina. Asunción y yo nos abrazamos. Su cara denota molestia. Más bien enojo. Profundo enojo.
—Si… sí señor, aquí estamos —dice Greice temblorosa.
—¿ Soy un payaso acaso ? ¿Que soy para ustedes tres? ¿ Un hazme reír?
—No señor, claro que no—dice Greice. Asuncion muerde su labio con ojos a punto de llorar. Está muy asustada. Él se acerca un poco más.
—Entonces porque demonios desobedecen una orden mía, ¿ Por qué estoy ciego y creen que podrán burlarse de mí por eso ? Dije que quería cenar huevos hervidos y un yogurt, ¿es muy difícil cumplir esa orden, maldición Asunción?
—Sí señor… Digo, no señor… yo … —responde ella con voz ahogada.
—¿Quién preparó esa cena? Dígame—Asunción me mira y tras agarrar aire y contenerlo habla.
—Fui yo señor, yo solo deseaba sorprenderlo y alegrarle y…—Él rie burlón.
—Te pago para que obedezcas, no para que andes suponiendo cosas , que no se repita o tendré que buscar otra cocinera—respira hondo y se da la vuelta para irse.
—¡ No! No fue ella señor, fui yo … yo le dije que era bueno prepararle algo distinto y hasta un candelabro puse para que usted sintiera la alegría de comer algo nutritivo y … en un ambiente relajante y …— Él voltea con gesto sorprendido, de pronto la alarma contra incendios se dispara y un humo blanco comienza a percibirse en el ambiente.
Todos corremos al comedor y hay fuego. El mantel y las sillas están tomando mucho fuego. Abro mi boca muy asustada. El señor Thomson pregunta que sucede y uno de los sirvientes lo hace salir afuera mientras inútilmente intentamos apagar el fuego. De pronto las sirenas que oímos nos animan el aliento. Han llegado los bomberos y no pasó a mayores. Pero la mesa, la alfombra y algunas de las sillas quedaron destruidas.
…
— Todo por la ridícula idea de colocar un candelabro. Estoy de verdad muy enojado con ustedes, iré a mi recamara, recojan el desastre y espero que a ninguna de ustedes se le ocurra molestarme—dice y se va por las escaleras. Todos me miran con reproche. Estoy muy avergonzada. Limpio una lágrima rebelde pues quise hacer algo bueno y lo arruiné. Recogemos lo que se dañó y secamos el piso y los muebles, fue una ardua labor, entonces a eso de las diez pm voy a mi habitación. Exhausta, avergonzada y enojada conmigo misma. Cuando oigo esa voz que me hace detener en el acto y temblar de los nervios. Me echará. Lo hará.
—Estoy esperando que suba y lea la porción del libro para hoy , ¿aparte de que casi quema mi casa debo esperar que se le ocurra y se digne a ir y hacer su trabajo señorita?—Volteo a mirarlo. Está al inicio de la escalera. Respiro hondo. ¿ Cómo supo que estaba aquí ?
—Esta bien señor, iré enseguida — Él da la espalda y se devuelve a su alcoba . Subo la escalera hasta la mitad.
—Señor— Él se detiene. Muerdo mi labio , me siento muy mal.
—Le suplico que me perdone por todo. Casi quemo su casa… si desea echarme , está en su derecho y …—voltea.
—Deje de decir tonterías y venga, necesito pedirle un favor —dice y sigue a su habitación. Respiro hondo y voy tras él.