El taxi se deslizó suavemente por las calles de la ciudad, y mientras miraba por la ventana, una emoción burbujeante se apoderaba de mí. Pronto anochecería, y había algo mágico en el ambiente, con las luces titilantes y el murmullo vibrante de la vida urbana. El señor Thompson, con los ojos cerrados, parecía sumido en sus pensamientos, pero su presencia era reconfortante. —¿A dónde me llevará entonces, señor?—pregunté, rompiendo el silencio. Él sonrió levemente, como si la idea de llevarme a algún lugar le hiciera sentir bien. —Voy a llevarte a Lincoln Road. —¿Qué es Lincoln Road, señor?—pregunté, curiosa. Él respiró hondo. —Es un lugar lleno de vida, tiendas y restaurantes. Todas esas cosas que les gustan a ustedes, las mujeres—dijo, suspirando con un aire de nostalgia. —Hay mujeres

