La noche era densa, pegajosa, como si el aire se hubiese vuelto barro. En la habitación de Gael,la que compartió tantas noches con Nayara , la oscuridad se sentía viva. La luna no entraba esa vez por el ventanal. Ni una sola estrella se veia en el cielo . Solo sombras y silencio. Pero en su mente, ella estaba ahí. Nayara....Su Nayara. Su Luna… aunque él la había perdido por su propia mano,por su propia culpa. Estaba frente a él, como tantas veces en sus sueños. Tan hermosa y rota. Poderosa y distante. Sus ojos verdes ya no lo miraban con dulzura, sino con una rabia contenida , como si lo atravesaran con cuchillas de hielo. —No me busques, Gael. No soy tuya. Nunca más. Su voz no temblaba.Era firme y definitiva. Como las palabras de la sentencia que él decreto ese día para salvarla de

