CAPÍTULO 7: LA TRAICIÓN DE UNA MADRE Lidia sonrió con una lentitud casi teatral, como si el gesto formara parte de un ritual íntimo y perverso. El aroma espeso del té de hierbas flotaba en el aire como una serpiente invisible, enroscándose en los rincones del salón con una cadencia venenosa y silenciosa. Cada sorbo era una celebración para ella . Todo había salido perfecto. Se encontraba en su rincón predilecto, una butaca de terciopelo bordó con patas de madera tallada, ubicada junto al ventanal que daba al jardín de invierno.Ella la mando a hacer especialmente para ella.Desde allí, gobernaba. No como una madre. No como una Luna. Sino como la artífice silenciosa de un reino construido a base de manipulaciones. El vapor de la taza se alzaba con elegancia, y sus dedos, enjoyados y fir

