CAPÍTULO : El Silencio de la Verdad Desde las entrañas de los calabozos, donde la humedad calaba los huesos y las sombras parecían susurrar secretos antiguos, Lidia sonreía con una falsedad tan grande. No era una sonrisa de derrota. Era una sonrisa cargada de espera, de estrategia, de veneno. Tenía el cabello revuelto, la piel macilenta, las ojeras marcadas como las garras del tiempo sobre su rostro. Pero sus ojos... oh, sus ojos seguían ardiendo como brasas apagadas que ocultan fuego bajo la ceniza. Su cuerpo podía estar aprisionado, pero su mente, esa mente retorcida como una enredadera oscura, se escurría por los resquicios de la manada, alimentándose del miedo, del rencor, de la duda de aquellos que durante décadas la apoyaron . No necesitaba estar en la plaza para ver el show. Tení

