No sé en qué minuto, nos quedamos dormidos sobre la cama, pero siento el cuerpo frío, a pesar de que Adam me abraza por la espalda. Me remuevo con cuidado de no despertarlo, pero gruñe. —No te vayas, amor —dice somnoliento. —Nos dormimos sobre la cama, amor… hace frío y no quiero que nos enfermemos —menciono. Adam se integra, apoyándose sobre el codo y viéndose más sensual que nunca. —Tienes razón, pequeña —dice, mirando el reloj, en la mesita de noche—. Deberíamos cenar algo… ¿Tienes hambre, amor? —cuestiona. Miro la hora y es tarde, pero sí, tengo hambre, por lo que asiento. —Puedo preparar algo, pero quiero darme un baño antes de ello —Intento liberarme de los brazos de Adam, pero no me deja, lo que me hace reír, y comienza a dejarme besos en el cuello. —¿Y si me como, este delici

