Llevo toda la mañana como loca, mirando para todos lados a cada clienta que se acerca a comprar y no conozca, por lo que me siento levemente perseguida y observada en estos momentos, donde la afluencia de público ha aumentado porque se acerca la hora de almuerzo. —Buenos días, linda Zoe —Saluda la señora Stevens. —Buenos días, señora Stevens —contesto cordial—. Hace tiempo no la veía por aquí… —comento, siempre con una sonrisa, ya que la señora Stevens, se me hace una señora muy tierna. —¡Ayy, si te contara, hija! —dice con entusiasmo—. Una de mis hijas me invitó a un crucero y lo pasamos increíble —menciona—. Nunca había viajado en uno y conocí mucha gente nueva —comenta. —Cuanto me alegro, señora Stevens —digo cordial—. ¿Algún novio? —bromeo y la señora se sonroja. —Por ahí, algo h

