Allí estaba entre tantos niños, una hermosa niña de unos dos años. Llamada Kaila, su nombre lo eligió el director del orfanato y era por el amuleto que traía en su cuello, decía Kaila.
A su corta edad ya parecía entender su estado, comprendía su entorno, no demandaba, no lloraba, solo observaba a todos, parecía estudiar al resto.
Kaila sabia que ella no era una niña amada, y como la misma vida, la pequeña niña se aferraba a sobrevivir
entre tantos obstáculos.
Cuando la pequeña Kail tenía ya cuatro años, cierto día llegó un hombre al Orfanato, el hombre vestía muy bien, su traje era hecho a medida. Se veía que era de alta alcurnia.
Observó a todos los niños de aquel lugar, estaba buscando adoptar a un niño, pero cuando vió a la pequeña Kaila él sintió una ternura inexplicable por ella.
Emocionado llamó a su esposa, le contó sobre la experiencia que había con la pequeña niña de ojos miel.
Sin embargo su esposa no tenía sus mismos sueños o ganas de lidiar con una mocosa, si había aceptado adoptar a un niño, era por la insistencia del Patriarca Sanders para mantener la perpetuidad de su legado, claro considerando que ese papel lo hacía mejor un hombre que una mujer.
Aquel hombre en aquel Orfanato no era otro que aquel hombre, quien se había enamorado fugazmente de Dalia, madre de Tino. Por supuesto, eso no lo sabía nadie, ni el propio Forbes Sanders.
Sintiendo esta inmediata conección con esta hermosa niña en particular Forbes tomando en cuenta la opinión de su esposa Blanca, la llamó y le dijo que adoptaría a la pequeña niña, pero ella se opuso rotundamente, le recordó que lo que necesitaban era a un niño varón, no a esa pequeña. El hombre quedó suspirando por un tiempo, estaba en una guerra interna consigo mismo, dijo para sí.
"Siempre las reglas de los demás y no lo que quiero y me hace feliz"
Hace ya casi 25 años atrás, siendo adolescente él se enamoró de una joven provinciana, sus padres hicieron todo para quitarlo de su cabeza, poco tiempo después sufrió un accidente automovilístico y perdió la posibilidad de engendrar, nunca pudo saber que era ser padre.
Jamás sintió apego por alguien, excepto ahora, veía a esta pequeña y sentía unas palpitaciones en su corazón. Como era la línea del destino, Kaila se encontró frente a su abuelo paterno sin saber su relación sanguínea.
La niña parpadeo mientras estudiaba al adulto.
No se podía explicar el Sr. Sanders por que él se sentía tan desesperado por proteger a la pequeña. Era claro para él que en su familia le harían problemas si la llevara con él.
Así que habló con director del orfanato, ofreció mucha ayuda al orfanato y en las semanas posteriores adoptó a la pequeña sin saber que ella era su nieta de sangre, Forbes contrató a una niñera, compró una pequeña casa y se llevó a Kaila a vivir en esa casa.
Una día de tantos Kaila enfermó, se tuvo que llevar al hospital de emergencia, cuando el Sr. Forbes entró a la sala sin previo aviso, vió a Kail sin ropa siendo revisada.
Fue cuando el vio un lunar muy conocido para él, se sorprendió, por que él lo tenía su padre lo tenía, su abuelo lo tenía y era el mismo tamaño y forma que la suya.
Kaila lo tenía por que lo heredó de Tino su padre, y Tino a su ves lo heredó de un despistado enamoradizo padre que tuvo una aventura con su madre. Nadie sabía eso. Pero dió lugar a que el Sr. Forbes pensara más en el asunto.
Se imaginó él siendo padre, solo tenía diecisiete años aquella ves cuando intimó con aquella hermosa niña. ¿Será que aquella doncella quedó embarazada? Se emocionó de pensar en ello.
Por mucho tiempo no podía dormir y comer tranquilo, así que mandó a investigar en aquel pueblo minero.
Ninguno podía aclarar sus dudas, aquella mujer ya no vivía en el pueblo, pero si descubrió que ese mismo año aquella doncella tuvo un hijo, él estaba seguro que ese muchacho era suyo. ¿Pero que relación tenía con esta hermosa niña? Se preguntaba.
Forbes visitó la residencia de los Quinteros y preguntó por la mujer, por Dalia Liú.
Paul estaba anonadado al saber de Forbes, su sorpresa era grande, pero ya lo había echado a perder su grandiosa oportunidad. Así que le mintió a Forbes diciendo:
—Ella se marchó en seguida, no se quedó después de lo de ustedes —habia mentido sin descaro.
—Ya investigué todo señor Paul y mi mujer y mi hijo vivieron aquí en tu casa hasta hace poco tiempo, ¿porque me mientes?
—¿Que fue lo que pasó? Podrás explicarme... —cuestionó el hombre, ya se le notaba ansiedad en su cara.
Para entonces Paul dijo molesto.
—Era tu responsabilidad buscarlos a tiempo, entonces, si era tu mujer ¿ por qué no volviste a tiempo! Si no hasta veinticinco años después. Forbes lo miró com atención y le dijo:
—Porque al año siguiente tuve un accidente que me dejó en cama por varios meces y perdí parte de mis recuerdos... —respondió con calma aparente, pero su corazón explotaba de rabia.
—Y por que mis padres también fueron déspotas como tú. Hicieron lo imposible por cortarme las alas.
—Ahora ellos sufren por no tener a un heredero de sangre, si no hubieran sido tan egoístas hoy disfrutarían de su hermoso nieto de veinticinco años, por que esa es la edad de mi hijo Constantino, ¿no es así?
Paul estaba arrepentido de ser tan cruel con Tino. Tino era el heredero de Corporación Sanders. Le dió miedo hablar de lo que pasó y como trató al joven.
Y él que había persiguió hasta el límite al pobre joven. Sin contar que perdió a su propia hija, ella se suicidó un año después de que desaparecieran a su bebé.
Ni hablar, hace mucho quisieron saber el paradero de su nieta, pero el director del orfanato les dijo que aquella niña murió de polio. Eran órdenes del Sr. Forbes cuando la adoptara, el Karma había pisado fuerte y claro a esta familia apática.
Al saber de esto, Mederick que no se resignaba a la pérdida de su única hija, lloró amargamente. Estaba arrepentida de haber perdido al único lazo sanguíneo.
Forbes se puso de pies. Dijo entre dientes.
—Investigaré y si yo llego a la verdad de que eliminaste a mi hijo, te haré perder la vida lentamente. Te haré polvo. —amenazó con cara de pocos amigos.
Salió de Hacienda de los Quintero, una ves afuera lloró lágrimas por el hijo que no llegó a amar y no llegó a abrazar.
Cuando Forbes pasaba por una calle, vió a un hombre sin techo, este se le abalanzó, le dijo:
—Me pidieron que lo matara, pero no lo hice, después de todo habíamos ido a la escuela juntos.
—¿De quien hablas? —preguntó algo aturdido.
—Pues de Tino, Constantino Liú. —aclaró el hombre sucio.
—Me pedía que lo soltara, pero ellos lo verían, así que solo lo mantuve allí encerrado como a un animal. —estaba tratando de expiar sus culpas.
—Está vivo y puedes verlo. —aseguró a Forbes quien no salía de su asombro.
—¡Quien! —preguntó Forbes, aunque ya su corazón explotaba de alegría.
—Tu hijo, Tino. —Recalcando el hombre llorando.
Al llegar vió a Tino amarrado a una cama de hierro, era un manojo de huesos y piel.
Daba lástima ver a un chico de veinticinco años en estas condiciones.
Forbes lloró, dirán que los hombres no lloran, pero este padre lloró alzando la voz, estaba conociendo el lado oscuro de los seres humanos.
Su alma se encontraba fluctuando en el lado oscuro de la luna, su mente evocaba un calor de odio y una frustración enorme abrazante, lo bueno para él es que todavía lo encontró vivo y tenía a su nieta Kail.