Aquella noche Derek se dio cuenta de que el ánimo de Ava no estaba por las nubes como era de costumbre en los últimos días y eso le preocupó. —Esto es muy raro. —Habló llamando su atención y Ava, que tenía la cabeza en su pecho mientras pasaba la yema del dedo por sus músculos, levantó la cabeza para mirarlo. —¿Qué es tan raro? —Indagó y Derek deslizó la mano por su espalda cariñosamente. —Pues todavía no me has dicho que quieres hacerlo otra vez y estás muy callada, eso es muy raro en mi mujer hormonal. —Contestó Derek mirándola y Ava pasó el dedo por una de sus cicatrices, pensando en cómo aquellas marcas afectaban a su esposo. —¿No quieres que te hagan algo con estás cicatrices? —Preguntó y Derek se sintió incómodo. —Conozco a muchos cirujanos que podrían borrarlas o por lo

