El amanecer no trajo paz. Solo un silencio tenso que se colaba por cada rincón de la mansión. Dante estaba en su despacho, de pie frente al ventanal, mirando el patio con los puños apretados. La información sobre Thiago le quemaba la mente. Cada detalle de lo que había hecho a Isabella, cada acoso, cada amenaza… todo estaba en su cabeza como una película de pesadilla que él no podía apagar. > “Ese hijo de puta ha jugado con ella. La ha quebrado. Y yo no lo sabía… hasta ahora. Nunca más.” Se volvió hacia Isabella, que estaba sentada en el sofá del despacho, sus manos entrelazadas, el rostro pálido pero firme. Ella no necesitaba palabras. Su mirada decía lo suficiente: miedo, desconfianza, y la certeza de que su guardia era su único refugio. —Isa… —dijo Dante, con voz baja pero cargad

