Capítulo 3 parte 4

1082 Words
Terminé mi desayuno y aproveché que aún tenía algo de tiempo así que tomé a Babou y lo consentí por un momento. Sentir sus pelitos y sus latidos mientras lo abrazaba, era una sensación única y reconfortante para mí. Antes de irme, lo saqué al vecindario a realizar sus necesidades y pude ver como algunas patrullas de la policía iban en dirección a mi escuela. Enseguida sentí nervios ―no lo puedo negar― pues a decir verdad me sentí atrapada o pensé que tenían indicios de algo.  Después reflexioné y sentí algo de calma al pensar que lo más lógico era que si me habían descubierto, pues fueran a buscarme a mi casa. Entonces, esperé que Babou terminara de hacer lo suyo y regresé a casa con él, lo acosté en su cama y una vez bien abrigado, me dirigí hasta la puerta para caminar rumbo a la escuela.  Caía nieve y era inevitable que mis pies se enterraran en ella, atravesando la gruesa capa que cubría el asfalto. Esto retrasó un poco mi llegada pero luego de unos minutos lo conseguí. Al llegar, lo único que se veía afuera de la escuela eran patrullas de policía y muchos agentes haciendo preguntas a profesores y estudiantes con la esperanza de encontrar algún indicio que los condujera a dar con el responsable de la muerte.  Seguí mi camino hasta mi salón de clases y una vez allí, los investigadores ingresaron y nos llevaron uno a uno a cada estudiante o persona que la conociera para dar declaraciones y saber si teníamos idea del posible implicado en el hecho. Escuché llamar mi nombre por parte de uno de los investigadores indicándome que debía pasar a un salón que habían designado para realizar los interrogatorios.  Entré y lo primero que pensé fue en actuar lo más naturalmente posible y sin nervios para evitar sembrar sospechas en mí y enseguida una agente me invitó a sentarme una silla para proceder con las preguntas. -¿Conocía usted a la joven Melannie Rotz? -preguntó. -La distinguía de acá del colegio, toda la vida pero nada más  -contesté con seguridad  -¿Cómo era su relación con ella?  - A decir verdad nunca nos relacionamos. -¿Nunca? ¿En serio? -Yo no me relaciono con nadie, soy muy sola. -¿Sospecha de alguien que pudiera tener motivos para atentar en su contra?  -Mmm, tal vez podría ser cualquiera.  -Sea más específica,  por favor. -Pues bien, le contaré... Melannie solía burlarse de muchos de nosotros y hacernos bromas todo el tiempo.  -¿Qué tipo de bromas? -Las típicas bromas de jóvenes.  Además, ella aprovechaba que era la única mayor de edad en nuestro salón para mofarse de nosotros diciendo que éramos unos niñitos  estúpidos que jamás podríamos ser como ella. -Supongo que con estas declaraciones ahora tenemos un panorama más amplio de posibles enemigos de la joven. Agradezco su colaboración y por favor avíseme si sabe cualquier cosa. -Claro que sí oficial, tan pronto sepa algo no dudaré en informarle. Así, terminaron las preguntas para mí  y logré salir del interrogatorio sin ser una sospechosa,  y hasta creo que le caí bien a la investigadora.  Ese día, descubrí que también me gustaba jugar con la mente de las personas, y que podía convencer a cualquier persona de lo que fuera si me lo proponía y actuaba como la adolescente inocente que se supone debería ser. Continuaron interrogando a cuanto integrante del plantel pudieran y luego de unas horas, por parte de las directivas del colegio nos enviaron un comunicado informándonos que ese mismo día, haríamos presencia en las exequias de Melannie como parte de un homenaje por ser compañera nuestra. Obviamente no me agradó ni un poco la noticia, pero ¿qué podía hacer? Yo era una simple alumna así que no me quedó más opción que hacer caso a las instrucciones dadas en la escuela y alrededor de las  10:00 a.m nos dirigimos como grupo hasta la iglesia donde sería el sepelio.  Al llegar, innegablemente el ambiente era de tristeza y desconsuelo; pude ver cómo su familia lloraba sin sosiego y a su llanto se  sumaba el de la mayoría de compañeros que no entendían cómo de la noche a la mañana habían perdido a su amiga  y confidente. Tuve que fingir que también me había conmovido por su fallecimiento y acompañar a todas esas personas en el luto que ahora compartían. En un momento del acto, puedo afirmar que casi que lloré pues el desconsuelo de la familia de Melannie era tal que era imposible que ninguno de los allí presentes no sintiera algún remordimiento por las emociones encontradas entre todos sus familiares y allegados. Tan así, que si yo no hubiera sido la responsable de su  descenso, también creería en mis palabras de inocencia. La misa realizada antes del sepelio transcurrió en “calma” pero esta misma se vio alterada al instante de realizar el cargue con el coche fúnebre que se dirigía hacia el cementerio. Llantos, gritos, negación, reclamos y demás se podían oir a lo largo del lugar hasta que el último ladrillo tapó por completo la superficie donde se encontraba el ataúd. Estar en ese lugar y lograr evidenciar cómo los demás sufrían por su pérdida, acrecentaron en mí el deseo de realizar lo mismo en quienes se metieran o se hubieran metido conmigo anteriormente; podría describirlo como un amor al crimen que sólo era entendido y comprendido por mí.  Finalmente, cuando todo terminó pude volver a casa y me felicité por la excelente actuación que tuve, no sólo con las autoridades que investigaban el hecho, sino también con las personas y allegados que fueron partícipes de cómo salieron a relucir mis emociones encontradas, haciéndome aparentar que indudablemente me dolía su fallecimiento y que, me preocupaba en gran medida el hecho de que en Filadelfia existiera un asesino en serie que en cualquier momento podría atacar de nuevo. Ahora,  buscaba pasar por desapercibido ante los demás después de tener algunos delitos encima, y también pensaba en la nueva táctica que sería utilizada en mi siguiente víctima y además, puse un tiempo límite para atacar de nuevo, cerciorándome cada vez de ser menos evidente y sospechosa posible. Por cuestiones que no quiero profundizar ahora, durante ese año no hubo más víctimas por parte mía, terminé el colegio y le mencioné a mi madre que deseaba irme de la ciudad a buscar una universidad y estudiar algo que me apasionara.
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