Señora aburrida

2701 Words

Mis amigas vuelven a mirarme con los ojos abiertos y Sarah me toca el brazo, dándome un apretón para hacerme saber que hay alguien detrás de mí; otra vez el mismo. Lo siento justo detrás y sus manos se ponen en mi cintura. Me tenso y me separo como si sus manos me quemaran. Me giro y él coge mis manos para acercarme a su cuerpo. No he visto su rostro, ni siquiera sé cómo es, lo único que sé es que es un poco más alto que yo y su perfume me hace arrugar la nariz.

¿Por qué todos los chicos se echan el mismo perfume?

Niego con la cabeza mientras intento zafarme de su agarre, siendo simpática porque no quiero ser borde y le enseño mi mano, donde en mi dedo anular tengo un anillo de plata que me regalé a mí misma hace más de cinco años.

— ¿Casada?

— Eso es.

Mi acosador de esta noche sonríe y veo una mano tatuada ponerse en el hombro de aquel chico. Sus manos se alejan de mi cuerpo y me echo un poco hacia atrás.

— Déjala, ha dicho que no quiere.

— ¿Eres su novio?

— No.

— Entonces no te metas —dice y lo empuja.

Parpadeo un par de veces y miro al chico de la mano tatuada para ver que sus dos brazos también están llenos de tinta. Es alto y fuerte en comparación con el otro y se pone justo al lado de mí.

— ¿Te crees que me intimidas? —Pregunta mi pretendiente y lamo mis labios levantando mis cejas sorprendida.

— Eso intento, lárgate.

No puedo escuchar lo que dice de nuevo porque el chico tatuado se acerca a él amenazante y levanto mis manos para aguantar sus brazos cuando él coge de la camiseta al otro chico. Sus amigos, o eso parece, lo sujetan para que no cometa una locura y lo echen de aquí.

Me alejo un poco porque presiento que su codo llegará a mi cara y el chico tatuado aleja a sus amigos mientras los calma. “Estoy bien” consigo escuchar lo que dice. Él me mira y no tardo en gritarle “gracias” por encima de la música, aunque estoy un poco aturdida por todo lo que ha pasado y por el alcohol.

— No hay de qué —me sonríe y no puedo evitar no de-volverle la sonrisa para después girarme y encontrarme con mis amigas viendo la escena.

— ¡Te ha salvado! —Grita Sarah emocionada.

Dejo escapar una carcajada de mis labios y me apoyo en ella debido al dolor de pies que me están causando los tacones. —           Me ha ayudado, ha sido amable.

— ¡Está buenísimo! —Exclama Giselle a mi lado.

— Lo está —me río y me giro para volver a verlo. Observo su ancha espalda y me fijo que tatuajes se asoman por su cuello—. Está lleno de tatuajes.

— ¡Entero! Me gustaría saber dónde más tiene tatuajes —Sarah me guiña su ojo izquierdo y río de nuevo.

Giselle me hace una seña para ir al servicio y acepto mientras Sarah se queda con Jenna. Ella ni siquiera ha dicho una palabra de todo lo que ha pasado y se dedica a sujetar su copa con una mano y a mirar al frente mientras se mueve de lado a lado.

— Oye, ¿por qué tu amiga no habla? —Pregunto apoyándome en la pared del baño.

— Porque es muy tímida —responde Giselle.

Me río de nuevo y mi amiga hace que entre con ella al baño, que es lo suficientemente grande para las dos. Sujeto su bolso y también su brazo para que ella no pierda el equilibrio en esos altos tacones.

— Jenna no tiene amigas, por eso le dije que se viniera.

— Ella no me molesta —me encojo de hombros y re-cuesto la cabeza en la pared mientras Giselle no disminuye la presión de su agarre en mi brazo—. Ni siquiera recuerdo el sonido de su voz.

— Cuando coge confianza es muy simpática.

— Eso espero.

Giselle termina y se coloca bien el vestido, poniendo sus manos en sus buenos pechos para acomodarlos en ese pequeño vestido que lleva y que le queda muy bien, todos lo hemos visto. Mi amiga tiene un cuerpo espectacular que no duda en potenciar.

— ¿Lista? —Le pregunto.

Ella asiente y salimos del baño. No me sorprende ver a Sarah en la barra pidiendo y a Jenna detrás. Saco el móvil del bolso y miro la hora. Me acerco a mis amigas y toco el hombro de Sarah cuando abro un poco de espacio entre tantos cuerpos.

— ¿Qué ocurre? —Me pregunta.

— Es hora de irnos, mañana tengo que trabajar.

— Un ratito más, nos van a invitar a una copa.

— Como beba algo más voy a vomitar.

— ¿Vas a rechazar mi invitación? —Escucho la voz de un hombre y me giro para ver la sonrisa del chico tatuado.

Ahora, gracias a la luz roja que desprende la barra, me doy cuenta que su camiseta oculta más tatuajes. Su pelo va perfectamente peinado hacia atrás y no me cuesta imaginar que se lleva más tiempo peinándose que yo. Bueno, yo es que ni me peino. Es alto hasta el punto de llegar a intimidar a alguien, o por lo menos a mí.

— Debería invitarte yo —digo.

— Tienes razón, te dejo que me invites.

— Otra vez será —me giro y tiro del brazo de mi amiga, negando con la cabeza.

— ¡Eres una aburrida! —Me grita la castaña.

— ¡La vida es dura! Vamos —tiro de ella de nuevo y la escucho gruñir.

— ¡Acaban de servirme la copa!

— Deja que se la tome —escucho la voz de otro chico y levanto mi rostro para ver una cabellera rubia y una sonrisa radiante—, ya la he pagado —me guiña un ojo.

Me acerco a la barra y cojo cuatro pajitas de color n***o, que meto en el vaso. Acerco a Jenna al vaso y le ordeno que empiece a beber. Sarah suelta una carcajada y también empieza a beber de otra pajita. Giselle se queja tras de mí porque no puede beber más debido a que ella hoy conduce. Terminamos la copa en tiempo récord mientras esos chicos están a nuestro alrededor riendo por nuestra velocidad. Dejo mi pajita y el chico tatuado quita las pajitas del vaso y las pone en otro lleno.

— Oh no, ni hablar —empujo un poco el vaso hacia él porque es suficiente. No más alcohol por hoy. Además, ¿quién me asegura que sean de fiar?

— Venga, señora aburrida, es viernes —dice con una sonrisa.

— Pero mañana trabajo —me quejo.

— Pero es viernes —me pone la pajita en la boca y no me queda más remedio que beber.

Al final, cada una vuelve a tener una copa en la mano, hasta Giselle, que ha decidido que vamos a coger un taxi.  Ni siquiera sé los nombres de esos chicos que ahora hablan animadamente con nosotras, solo son tres y el chico tatuado está preguntándome algo pero no consigo enterarme. Me toco el oído diciendo que no me entero y él se acerca a mí para decirlo en mi oído.

— ¿Se supone que eres la que liga en el grupo? —Pregunta.

No puedo evitar soltar una carcajada propia de una chica que va bebida y le importa una mierda lo que piensen de ella. No soy una señorita cuando bebo, tampoco cuando estoy serena, ¿a quién quiero engañar?

— No, no.

— Pues no se ha notado hoy.

— Sí bueno, es verdad, ¿a quién quiero engañar? Te voy a tener que contratar de guardaespaldas para que vayas quitándome a mis pretendientes de encima.

— ¡Qué egocéntrica! —Exclama.

— La que liga es Giselle, es la guapa del grupo —la miro y observo su pelo rubio largo y su cuerpo con curvas.

— ¿Entonces por qué se te ha acercado ese chico hoy?

— Porque le gusta la belleza abstracta —muevo mi mano con desdén haciendo al chico reír.

— ¿La belleza abstracta? ¿Acaso eres un cuadro de Picasso?

— ¿Lo soy? —Pregunto con una mueca.

— Puede ser —lleva el vaso a sus labios y miro hacia las chicas porque no sé si eso ha sido un cumplido o no—. Me llamo Jared —me tiende su mano.

— Grace —junto mi pequeña mano con la suya, grande  caliente y le da un apretón antes de separarla.

Él no me habla más, por lo que dejo la copa en la barra y saco el móvil del bolso para mirar la hora. Me doy cuenta que apenas queda gente en el club y tiro del bolso de Sarah, que habla animadamente con el chico rubio.

— Es hora de irnos —le digo.

— Señora aburrida… —El chico pone su brazo alrededor de mis hombros y lo miro.

Tiene un buen cuerpo y creo que todos ellos se han conocido en el gimnasio —. La fiesta puede seguir en mi casa.

Me da a mí que no.

Sarah me mira suplicante porque ya conoce lo que significan todas mis caras y arrugo la nariz. No, absolutamente no. Un montón de tragedias se pasan por mi mente aun estando borracha y mi nombre saliendo de los labios de amiga me hace parpadear.

— ¡Grace! —Grita Sarah por encima de la música—. Vamos a pasarlo bien.

Me doy cuenta que todos están mirándome, esperando mi decisión y... Acepto.

 

 

Dejo caer mi cabeza en el volante cuando meto la llave en el contacto. Tengo resaca y estoy literalmente, muerta en vida. A pesar de que he intentado tapar mi mala cara con maquillaje, mi jefe me ha dicho que debo dejar la fiesta para los sábados porque estoy cara al público y presiente que cualquier día me quedaré dormida en el mostrador.

Habíamos ido a la casa de esos chicos de los que no soy capaz de recordar bien sus nombres. Pasamos un rato riéndonos, fumando y terminando las últimas cervezas de su congelador.

Cuando me di cuenta de la hora, tuve que salir corriendo mientras dejaba a uno de los chicos dormido en el sofá, al rubio con sonrisa bonita hablando muy íntimamente con Sarah y a Jared —el chico tatuado— con Giselle. Jenna no perdió oportunidad y se vino conmigo ya que "no tengo nada que hacer ahí" y tenía razón.

Ambas nos consideramos bellezas abstractas y no habíamos ligado esa noche, aunque Jenna ni siquiera abrió la boca.

Vivo con Giselle y Sarah en un pequeño apartamento en Orlando. Estaba en clase con Sarah en psicología hasta que decidí quitarme porque no es mi vocación, aún estoy encontrándola. He perdido tres años de mi vida estudiando algo que no me gusta y ahora estoy un poco perdida. He trabajado en varias cafeterías a tiempo parcial para ayudar a mis padres a pagar mis estudios y cuando decidí quitarme, encontré un trabajo como dependienta en una tienda pequeña de ropa y de camarera en un club de copas.

 

Siento que he dormido muy poco cuando Sarah salta encima de mi cama diciéndome que le gusta Adam. Ni si-quiera sé cómo he llegado a la cama después de llegar del trabajo.

— ¿Quién es Adam? —Murmuro con la cara pegada a la almohada.

— El rubio de anoche. Nos hemos intercambiado los teléfonos y me ha hablado.

— ¿Qué te ha dicho?

— Hola.

— Vaya, que conversación más interesante —me pongo boca arriba y cierro los ojos para seguir durmiendo.

 — No seas tonta.

— ¿Ya le has contestado?

— No, estoy esperando para que no se note que estoy pendiente.

— Solo te ha dicho hola.

— ¡No sabes ligar! Hay que hacerse la interesante. ¿Nos invitarás a chupitos esta noche?

— ¿Me queda otra opción?

Recibo un cojín en mi cara y me incorporo para cogerlo y darle de vuelta haciéndola reír. — De nada por hacerte compañía por las noches.

— Como si fuerais a verme a mí y no el mercado de chicos —vuelvo a tumbarme sobre el mullido colchón.

— Eso también —ella se tumba a mi lado y la veo observando su móvil, esperando que pasen los minutos.

— Contéstale ya, lo estás deseando.

Veo a Sarah morder su labio y sonríe abiertamente des-bloqueando su móvil. Ella tiene el pelo castaño oscuro, suave y liso; aunque siempre se queja porque se le enreda. Tiene una nariz pequeña y su boca va en proporción a su rostro. Sarah junto con Giselle, son el alma de la fiesta.

Sin embargo, Sarah es todo lo que yo no soy. Es dulce, cariñosa, confía de primeras y es enamoradiza. Por ejemplo, ahora está sonriéndole a la pantalla del móvil.

— ¿Qué me vas a hace de comer? —Pregunto.

— Puf —ríe—. Nada, estoy muerta —deja el teléfono a un lado y vuelve a vibrar.

— ¡Contéstale ya! El chico no ha tardado en contestar, ten una conversación con él.

— ¡Vale, vale!

Me levanto de la cama y abro las cortinas cerrando un poco los ojos debido a la claridad. Un Orlando soleado me recibe a través de la ventana y la abro dejando que la dulce brisa que hace hoy entre.

— ¿Pedimos sushi? —Pregunto.

— Por favor, tengo una resaca que pensar en meterme en la cocina me da más dolor de cabeza.

Sonrío y salgo de la habitación seguida por mi amiga. Me encuentro a Giselle en medio del pasillo con una cara mejor que la nuestra.

— Se nota que ayer fuiste la que menos bebió —digo.

— Se suponía que iba a coger el coche. Menos mal que se te quitó la borrachera antes de ir a trabajar.

— No me lo recuerdes —busco el pequeño papel rojo y n***o con el nombre del local donde venden sushi y me siento en el sofá—. Llama tú —le digo a Giselle.

Ella tiene un talento natural para relacionarse con la gente. Es guapa y sabe que lo es, por eso, lo utiliza cada vez que puede y es muy segura de sí misma. Es licenciada en Ingeniería eléctrica y no ha tardado mucho en encontrar trabajo en una gran empresa.

Su piel es blanca y en Halloween se disfrazó de bella durmiente sin necesitar ningún tipo de maquillaje. Su nariz es respingona y graciosa y tiene unos labios gruesos que suele potenciar con colores fuertes haciendo que los chicos miren. Su cuerpo es curvilíneo, nada en comparación al cuerpo menudo de Sarah. Es mayor que nosotras por dos años, ya que Sarah y yo aún tenemos veintidós.

— ¿Con quién estás hablando? —Giselle se sienta al lado de Sarah cuando termina de pedir.

— Con Adam —ella bloquea el móvil y lo pone encima de la mesa—. Dice que se lo pasó muy bien ayer y que podríamos repetir.

— ¿Con ellos? —Pongo los pies encima de la mesa.

— Me da jaqueca que seas tan asocial —Giselle pasa una mano por su rostro sin maquillaje.

— No soy asocial —repito esa palabra lentamente—, es solo que no los conozco.

— Por eso tienes que quedar con ellos, para conocerlos.

— Me da pereza conocer a gente —admito.

— ¿Por qué? —Sarah me mira con su ceño fruncido.

— Seguramente no me van a caer bien.

— Oh, ¡vamos! —Bufa Giselle cruzándose de brazos.

— Adam estuvo toda la noche llamándome señora aburrida. ¡No soy aburrida! —Me señalo.

— Sí que lo eres, a veces —apunta Sarah.

— Pero solo a veces. Ayer no fui aburrida.

— ¡Querías ligar con el chico tatuado! —Sarah se pone de rodillas en el sofá, mirándome—. Por eso querías ir.

— ¿Qué voy a querer ligar? Fui por vosotras.

Mis amigas sueltan una carcajada. — Vamos, a Jason le gustas —dice Giselle

Esta vez fue mi turno de reírme. — Ni en broma, no me dirigió la palabra en toda la noche, ni siquiera sé cómo suena su voz.

— ¡Te estuvo mirando!

— Porque estaba quedándome dormida en su sofá, normal que me mirara.

— Y con la boca abierta —añade Sarah.

— ¿Ves? Estaría intentando averiguar qué había cenado.

Sarah ríe mientras Giselle niega con la cabeza.

Y esta soy yo. Todo lo contrario a ellas. No  soy una asocial gruñona que odia a la gente y solo sus compañeras de piso la aguantan. Soy una defensora nata de mis opiniones. No me fio de la gente hasta que las conozco a fondo. Soy seria pero divertida. Me olvido de las cosas con facilidad y el karma me llega demasiado rápido.

 

Ah, también soy borde, un poco. Bueno, bastante.  E irónica, eso también.

Free reading for new users
Scan code to download app
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD