Las cosas que comienzan a romperse Después de aquella noche, algo cambió entre Adrián y yo. No de manera repentina. No hubo una discusión definitiva ni una despedida dramática. Fue peor. Fue lento. Silencioso. Como ver una g****a extenderse lentamente sobre un vidrio sabiendo que tarde o temprano terminará rompiéndose por completo. Comencé a evitarlo. Ya no dormía en la misma habitación que él. Pasaba la mayor parte del tiempo encerrada revisando los libros antiguos de la casa o caminando sola por el bosque intentando escapar del ruido insoportable dentro de mi cabeza. Porque las voces empeoraban. Mucho. Ya no eran simples susurros incomprensibles. Ahora hablaban claramente. Me llamaban por nombres que no recordaba haber tenido. Ayla. Ishtar. Selene. Y algunas noches… us

