Lunes por la mañana. John se había puesto el casco amarillo de trabajo mientras Michael, su vicepresidente, hacía lo mismo y llevaba una carpeta contra su pecho. —Me he enamorado —dijo Michael, mirando hacia las tierras con un gran paisaje. John siguió la mirada de su amigo. —Es hermoso. La vista de la oficina será esa desde lo alto —dijo John, señalando hacia un lado de ellos—. Ahí estará según los planos. —Perfecto. ¿Y mi oficina? —preguntó riéndose Michael. John puso los ojos en blanco. —Tú estarás en la ciudad. —Caminaron por los cimientos de la construcción. —¿Cómo te está yendo con tu vida de casado? —preguntó Michael, mirando a los trabajadores en su labor. —Estoy feliz —respondió John, volviendo la mirada hacia Michael. —Se nota —le dijo Michael, dándole una palmada en el

