Narra Mariangel
Luego de graduarnos de educación primaria, cada quien tomó su camino. Yo me fui a un colegio de chicos y chicas, mientras que Miguel estudió en la academia militar, esa siempre fue su pasión ser soldado-militar, desde niños me encantaba oírlo hablar con tanto anhelo sobre lo que quería ser de grande, nuestras vidas continuaron, después de perder totalmente contacto con él decido que es hora de hacer nuevas amistades, conocer a mis nuevos compañeros. Siempre fui tímida pero a la vez tenía una gran llama para atraer a los chicos, es así, como conocí y entablé mucha amistad con ellos, la mayoría de mis amistades eran niños, ya que siempre resultó que amigas no habían, o por lo menos para mi, cuando de niña creí en una “amiga” la cual no es otra que Nathaly que quería quitarme a Miguel. En mis estudios me iba muy bien, siempre pensaba en él pero ya no estaba y debía continuar, conocí a un chico llamado Jaime nos hicimos novios pero me sentía vacía, a pesar de que él estaba siempre al pendiente pero me sentía agobiada por el chico. - al llegar a casa de mis clases de la secundaria el chico me estaba esperando en la entrada de mi casa, respiré profundo, no me dejaba ni descansar…
-Hola hermosa, ¿Cómo estas?, te estaba esperando. -coloqué los ojos en blanco y me dije: ¿En serio? No me había dado cuenta, Dios dame paciencia.
- Hola Jaime, mira estoy bastante cansada y quiero llegar directo a mi cama y recostarme, así que nos vemos más tarde ¿Te parece?. - espero su respuesta mientras lo veo fruncir sus cejas, se rinde y me responde:
- Esta bien Mariangel me voy para que descanses pero vengo más tarde para que veamos una película. - y sin más se va dejándome atónita y molesta a la vez por tomar decisiones sin consultarme, esto ya es el colmo pensé. Y entro a la casa para encontrarme con Leila mi madre una mujer bastante insensible a veces hasta sentía que me tenía envidia, me estaba mirando con evidente molestia. ¿Y ahora qué?, pues mi madre no me la pondría fácil ya que parecía que quisiera que me metiera con Jaime para deshacerse de mí.
- Mariangel, se puede saber, ¿Porqué no dejaste que Jaime entrara? Te estaba esperando de hace rato. - ay no aquí vamos- ¿Cómo le haces ese desplante?- sin poder resistir más le dije:
- Mamá ya basta de meterte en mi vida, no quiero nada con él, entiéndelo de una vez, por favor ya basta. - mi mamá me miro estupefacta sin poder creer que le estuviese hablando así- Ya mamá necesito descansar y luego hablaré con él, y tú debes entender que solo tengo 14 años y no quiero amarrarme a nadie, yo y solo yo tomaré mi decisión no tú. - y así me meto a mi habitación sin esperar respuesta de mi madre. Todo debía cambiar, y decidí que no quería nada con él, mi papá me apoyaba, él no estaba de acuerdo con que mi mamá permitiera que Jaime estuviese de supuesto novio conmigo, siempre lo oía discutir con mamá porque ella quería que él se la pasara aquí metido, a veces hasta me entorpecía cuando tenía que hacer mis trabajos o tareas del liceo,a pesar de que mi mamá se molestó ya que ella quería que continuara con él, termine con Jaime y así me había quitado un peso enorme de encima. Seguí en mis clases, conociendo nuevas amistades, personas que llegaron a ser verdaderamente mis amigas, y que estuvieron en el momento más difícil de mi vida… él fallecimiento de mi papá, Joao el ser más dulce, paciente y sencillo del mundo, quedando así un vacío enorme en mi alma y un sentimiento de culpa, y a la vez molestia porque mi madre hizo un drama como si siempre hubiese sido una buena esposa como si nunca hubiese tratado de la peor manera a mi padre, ya que ella decía que no teníamos nada por su culpa, porque había derrochado dinero en alcohol y cigarrillos, no nos dejó disfrutar de nuestro padre, todo el tiempo insultándolo y poniéndolo por el piso, el día que él murió hizo un escándalo llamando la atención de vecinos y familiares, yo no podía creer cómo podía ser tan buena actriz, pero los que la conocíamos sabíamos que estaba fingiendo. Después de que papá murió, mi gordo Joao como yo lo decía, me encerré un poco en mi misma, y a la vez rebelde contra mi madre, le hacía la vida imposible, discutíamos muchísimo, la culpaba de que papá hubiese muerto solo, sin nosotros estar a su lado, fueron días muy difíciles. Pero me propuse seguir aunque fuese en discusiones con mi madre, desde ese día que mi padre partió… nada volvió a ser igual.
Narra Miguel
Luego de tomar caminos distintos conocí a una chica, Kendra, de piel morena clara, ojos marrones y cabello rulo, creí haberme enamorado… pero había algo que faltaba, no dejaba de pensar en Mariangel, por mas que lo intentaba no salía de mi mente ni de mi corazón, en este momento éramos tan solo unos adolescentes de 14 años pero sentía algo muy fuerte por ella, algo más fuerte que yo, a pesar de comenzar a salir con Kendra, y que ella lograra despertar el instinto en mi cuerpo por hacerla mía, no sentía que fuese todo lo que necesitaba en la vida, mi cuerpo pedía mas, me sentía vacío, necesitaba saber que era este sentimiento que no me abandonaba, que muchas veces me dejaba sin aliento al recordar sus ojos verdes rayados, me encantaba cuando sonreía porque sus ojos brillaban hermosamente, volviendo mi mundo una locura y deseando tenerla siempre a mi lado, ella era la única mujer que me hacía sentir completamente feliz, no solo sus sentimientos los cuales eran hermosos, si no también su manera de tratarme de hacerme sentir importante para ella, no aguante más y un día decido ir a buscar a Mariangel y así sin saberlo comencé lo que sería una tortura para ella… tal vez, solo tal vez debí haber dejado nuestras vidas separadas…