Mi historia inició en una guerra.
Mi padre tenía que tomar el poder, era el heredero legítimo, y de no hacerlo, caería la responsabilidad en mi tío. Él jamás lo ha contado así, pero a mí me suena que no quería darle el capricho a su hermano menor y se lanzó por el reino. Lo que pasa es que mi tío Baruk, el hermano de mi madre, tenía planes diferentes.
Mi tío materno quería ser rey de todo el reino del desierto, costara las vidas que costara, principalmente porque no creía que podría tener un país brillando y creciendo con fuerza hacia la democracia en medio de dos países dictatoriales con pensamiento cerrado.
Así que él y su amigo se propusieron invadir Tierra del Sol y no solo presionar a los reyes a un cambio de orden, sino asesinarlos. El único impedimento que tenía Baruk era su hermana menor, mi madre, Layla. Mientras ella estuviese viva, había esperanza para el pueblo, y además la necesitaba como señuelo.
Un empleado le ayudó a escapar. Mi mamá iba golpeada, deshidratada, restringida de alimentos, agotada, y le habían dado varios medicamentos. Sin embargo, tomó la única oportunidad que le quedaba de supervivencia y se fue al reino vecino: el Palacio del Sol, el lugar donde había jugado, reído y, por qué no, disfrutado de tener un crush, uno fuertísimo, con mi tío Ellis. Para mí, más que un crush, era el clásico calienta bragas: te dice que estás guapa, pero no te toca; te cuenta que eres perfecta, pero no te elige. En fin, el desamor habitaba en ese palacio para ella.
De todas formas, mi mamá eligió ser libre y rogó ayuda; les dio sus planes, les dio la oportunidad de prepararse para enfrentarse a lo que se avecinaba. Mi abuelo, el rey Isam, decidió que lo mejor era que estuviese casada con uno de sus hijos. La forma más fácil y certera de unir un reino es con un matrimonio y un heredero. Mi tío Ellis no parecía feliz, pero de todas formas la aceptó como esposa. Creo que estuvieron tres días casados y si se vieron dos minutos, fue demasiado.
Mi mamá tenía una cosa clara: no estaría casada o en medio de la relación de Ellis con la mucama. Porque Ellis había tenido oportunidades de sobra para enamorarse y casarse con ella. Así que mi papá tomó la decisión de ponerle huevos y hablar con su esposa sobre la posibilidad de casarse con otra mujer mientras permanecía casado con ella. Todo muy maduro, porque mi respuesta habría sido que no, si yo fuera su esposa.
Ahora, como reina, me suena espectacular tener dos hombres obsesionados por mí peleándose por mis huesos. En fin, mis papás llegaron a sus propios acuerdos: nada de romance (nadie les ha creído nunca que no había nada, porque ahí hay vibra, pero bueno). Matrimonio por tiempo limitado.
A mi papá le costó mucho dejarla ir y renegoció tanto como pudo, pero mi mamá es casi tan terca como yo… yo gano amigos, siempre.
Por último, un heredero: yo. A quien mi madre se negó a tener de forma natural, así que me hicieron en un laboratorio, a mí y probablemente a varios hermanos que no han ido a descongelar. Mis papás tuvieron una hija a la que llamaron Leonor, en honor a la esposa del rey Isam, la mujer que los había cuidado y tratado como hijos cuando necesitaban amor y protección.
Yo no puedo ser desconsiderada. Mis papás me han dado amor, atención, cuidado, dinero, hermanos… más amor. Tengo todo y más. No voy a mentir nunca, y no creo que me hiciera falta nada. Mis papás se separaron, pero con una sola llamada, mi papá y mis hermanos ya estaban en casa. Mi padrastro siempre me ha tratado como a una de sus hijas. No creo haberle escuchado nunca decir “Leonor, mi hijastra”. Mis hermanos todos saben que soy su hermana y que voy a estar ahí para ellos.
Como cuando Raj decidió ir a practicar atletismo —ese y la natación son un coñazo: pasas la vida entrenando para ganar en segundos—, pero estuve ahí, y ellos siempre han estado para mí. Somos una familia moderna, feliz, amorosa, pero siempre han tenido que recordarme y prepararme para reinar.
Tenía ocho años cuando mi abuelo Isam me llevó a una de sus reuniones de consejo. Me entregó una libreta y tres lapiceros, me llevó tomada de su mano y me presentó a todos. Yo sonreí, asentí y dije algo agradable. Korrat era uno de los que mi abuelo menos quería; era joven pero influyente, y quería dejar todo tal cual estaba.
—Escuché su planteamiento sobre mantener la integridad de los pueblos.
—Sí, Leonor, es muy importante mantener las raíces. No sé cómo vamos a hacer eso si tus papás no se molestaron en dar un heredero.
—Bueno, si hubiese un hijo de mis papás, estoy segura de que usted insistiría en que alguien me mate a mí, y ellos no querían eso. Pero le prometo gobernar a la altura de sus expectativas.
Mi abuelo sonríe y le da un golpe en el hombro al joven. Yo alzo mis dedos hacia él y mi abuelo nos lleva a nuestros asientos. Observo que mi silla tiene una etiqueta de oro con mi nombre y me felicita, porque la vez anterior no tenían una para mí.
—No puedes participar, pero necesito que tomes apuntes de lo que se dice. Mucha atención.
Yo me senté, presté toda la atención posible mientras pensaba en el traje que me gustaría usar si fuese mi decisión y mi oportunidad para opinar. Todos se van y mi abuelo me observa algo serio. Mi abuelo es un tipazo, lleno de sonrisas y amor, pero está muy serio mientras pasa las hojas de mi cuadernito.
—¿Dónde están mis apuntes, Leonor? —pregunta, y señalo mi frente con el dedo.
—¿Qué te gustaría que te refuerce?
—Todo, vamos, recuérdame todo.
Le recito la conversación porque estaba prestando atención. Solo me relajé dibujando, y el arte es una de esas cosas que me encantan. Él me mira sorprendido, y yo sonrío y lo lleno de besos.
—Vamos por mi helado, porque tú me lo prometiste abuelo.
La vida es rara, porque en Tierra del Sol era la futura reina, la esperanza. Algunos me han comparado con el sol: brillante y maravillosa. La verdad es que lo soy, pero en la escuela era una niña más, acosada porque llevaba seguridad a todos lados. Tenía esta villanita de compañera que llevaba galletas para todos menos para mí… hasta que llegó Alice a mi vida.
—Ay, qué mona, ¿tú las horneaste? —pregunta Alice, y va directo a la bandeja, toma dos.
—Alice es una por compañera.
—Sí, estoy tomando la mía y la de Leonor.
—Leonor, no.
—Ahhh, qué pena —dice y estruja las galletas hasta pulverizarlas. Todas las niñas gritan horrorizadas y yo me río; Alice también. Luego viene hacia mí y me toma del brazo. Nos sentamos bajo un árbol y me cuenta que su hermana está vendiendo galletas.
—¿Por qué?
—Mi papá le dice que no puede estar gastando su dinero todo el tiempo.
Las dos reímos.
—Mi papá me dio una tarjeta de crédito; gasto y siempre tiene dinero.
Alice se ríe. —No funciona así, Leonor, pero seguro tu papá tiene mucho dinero.
—Somos dueños de oro y minas, seguro que sí.
—Wow, debe ser cool ser una princesa de verdad.
—Hay mucha responsabilidad y no puedes usar lo que quieras ni hacer lo que quieras.
Alice y yo tenemos una relación basada en la risa y el amor sincero y tuve la bendicion de haber sido acompañada pro Alice y por anastasia a los ladrgo de mi inancia, y sorbe todo que mis mejores amigas estuviesen en la misma casa,e so facilita micho las cosas.
Es una locura.
Lo que má sme dolió de dejar mainvilalge por mis rebeldías fue dejar a ese par, pero ni siquiera mis papás pueden retenerme si alguna de las dos lo está pasando mal. No hay nada que Alice y Anastasia no harían por mí, ni yo por ellas, sin mis hermanas del corazón. Lo que sea, lo que haga falta, no importa cuán oscuro sea el secreto o cuánto tenga que enojar a mis papás por haberme montado en un avión comercial para ir a ver a mi amiga.
—No puedo contarte esto.
—Cuéntamelo.
—Leonor, esto es algo fuera de lo ordinario.
—Alice, mi novio me hizo una fisura en el ano con su pene y solo te lo conté a ti. —Alice se ríe y me dice que hay niveles; las dos reímos. —Ahora me cuentas, ya.
—Mis papás son criminales, prófugos de la ley.
—¿Y por eso te han dejado?
—Los he visto unos minutos, pero están vivos —dice y llora.
—Vale, ¿y qué vas a hacer? ¿Te vas con ellos o cómo funciona? —pregunto.
—Mis papás son mis papás: Consuelo y Vidal, y mis hermanos son mi familia, pero eso no quita que soy hija de delincuentes.
—Mi papá ha matado gente y no por eso lo considero un mal papá o una mala persona. No es algo que discutimos en la mesa mientras cenamos en Navidad, pero es una realidad.
Me quito los zapatos y el suéter, y me meto en la cama con Alice. Mis papás me despiertan muy enojados, y Consuelo y Vidal me miran divertidos.
—Leonor, ¿qué haces aquí?
—Mamá, ¿no te avisaron?
—Leonor, no me avisaste.
—Bueno, surgió una emergencia y he tenido que venir a cuidar a Alice.
—Yo veo a los papás de Alice capacitados para cuidarla.
—No es lo mismo, mamá.
—Leonor, sabes perfectamente por qué no puedes estar en Mainvillage.
Vale, sé perfectamente qué es lo que quieren que sea y sé lo que yo quiero ser. A mí me encanta la ropa, la música, la fiesta, la buena vida. Y empezaron con este rumor de que la hija del rey Amal estaba siendo influencer y casi puta fina en Mainvillage, que no es así. Solo estaba saliendo con un hombre un poco mayor y mis papás se volvieron locos. Se enojaron con poca razón y me enviaron a un internado, del cual aprendí a salir y entrar a mi antojo. Y ahora estoy aquí, acompañando a mi amiga.
—Ey, Leo, ¿qué haces aquí? —pregunta Anastasia mientras se abre paso entre nuestros padres. Viene, nos abrazamos y nos llenamos de besos mientras intento explicarle que vine a ver a Alice y que sí intenté despertarla, pero estaba muy profundamente dormida.
—Fui a tu cuarto dos veces y estabas dormidísima.
—Me tomé una pastilla y casi no me despierto.
—Ahh, dame, estoy teniendo problemas con el insomnio —comenta, y todas reímos.
—¿Cuánto vas a quedarte? —pregunta Anastasia. —¿Mamá, nos llevan a la playa? —pregunta, y su mamá niega con la cabeza.
—Me alegra que pudieran saludarse. Leonor ya se va —dice mi mamá, y todas nos quejamos porque ya contaminé el planeta viniendo a encerrarme en casa. Mi papá pone esa cara de enojado y extiende su mano hacia mí para que salga de la cama.
Mis papás me riñen, lo hacen los dos. Lo hace mi madre, que viene por mí y decide que no más internado. Que si mis papás y la gente seria de Londres no pueden conmigo, tal vez necesite un poco de la mano dura del rey.