Mis papás organizan para irnos a la finca, que adoramos; pasar tiempo entre animales. Mis hermanos me vuelven a nominar para hermana mayor de alta utilidad mundial cuando se enteran de que los van a dejar faltar semana y media para pasarlo conmigo. Gabriel me llena de besos, Kamal me lleva las cosas y Habib me deja elegir campo. Elegir sería al frente, como mi mamá, pero ese puesto es un sueño: está a la ventana, es uno que siempre quiere. Mi hermana me hace una seña para que no me vaya al lado de mis hermanos y me vaya en las sillas adicionales en la parte de atrás con ella.
No quiero ofender a los chicos, entonces les digo que es para que no se vaya aburrida Ley y lo pasemos mejor cuando estemos allá. Mi mamá se ríe, ellos tres se quedan en el asiento peleando por espacio. Mi hermana me escribe al celular y me hace una seña para que lo vea.
Leyla
Tienen huevos de dinosaurio, es una cosa. Van a ir empujándose todo el camino.
Leonor
JAJAJAJAJA
También me río como loca unos cinco minutos. Mis hermanos van peleando; mis papás tienen una capacidad para ignorarlos como si no existieran. Yo intento poner música para todos y empeora la cosa: que uno no quiere escuchar una canción, el otro la siguiente, y así van. Mi papá me ve por el retrovisor y me río con la cara de culo que tienen.
—Ustedes tres ya están mayorcitos, ya entiendan que es un paseo en auto, van por la vena, conversen, canten. Es que todo es una locura, ¿qué les pasa?
—Mamá, mira las piernas de Kamal.
—Siéntate en el medio; si no tengo ventanas ni reposabrazos, más me vale estirar las piernas.
—Así no funciona —decimos todos en el auto.
Kamal es como la reencarnación de mi padre: es que los dos son fresquísimos. Juegan a ser los que dominan el mundo. Me muero de la risa con las locuras que se inventan, pero tolerarlos es una cosa que se siente como un trabajo.
Llegamos a la finca horas más tarde, horas en las que jugamos al mudo: el que hablaba debía dinero, 300 dólares. Leyla se durmió porque si está dormida no habla. Mi mamá observó a los trillizos por el retrovisor; Kamal les pisó a los dos, ellos se quejaron y se pusieron a pelear entre ellos, que si debían la plata entre los tres o solo uno. Yo me he reído todo el camino, de verdad que sí. Mi mamá parece molesta pero divertida al mismo tiempo; mi papá se ríe demasiado de los tres.
—Nada de partido. Ustedes dos quebraron las normas al mismo tiempo, pagan los dos —dice Leyla y continúa con los ojos cerrados.
Me río más, me tengo que reír de los cuatro. Mi mamá asiente.
—Pagan Habib y Gabriel.
—¡Kamal fue el de la culpa! —gritan los dos.
—¿Todo lo hacen juntos ustedes dos? —pregunta Kamal, y más me río.
Mis papás tienen esta teoría de que el campo es para conectar; entonces vamos a conectar entre nosotros y con la cocina y todo lo que no me gusta hacer. Mi hermana me ve mientras pelo la zanahoria y mi mamá le da un codazo; luego rueda los ojos.
—Leonor, haznos el favor.
—Ay, mami.
—No te sale hacerte la tonta.
—Mamá, tú sabes que eres un poco grosera para ser una mamá.
—Es de pensamientos pesados. ¿Has visto que la gente tiene la mano pesada y te golpean durísimo? Todo el asunto. Pero mamá es que tiene la lengua pesada.
—Sí, te entiendo.
—Mi amor —llama mi mamá a la persona que eligió como su esposo.
Él se ríe, deja lo que está haciendo para venir con nosotras.
—¿Tú sientes que tengo la lengua pesada? ¿Como mis palabras?
—Tú eres delicada por fuera, sí, y muy dulce —miente.
Ella lo ve divertida.
—Lo dice mi esposo.
El esposo en cuestión asiente.
—Nadie nunca ha sido obligado a mentir por amor.
—Exacto —responde mi papá, y las tres reímos.
—Ustedes son de temperamento difícil y tengo que ser un poco dura para que me entiendan. Ejemplo: en las mañanas, Leyla, por favor, no te maquilles, mi amor, no necesitas tanto maquillaje. Leyla, para con el maquillaje. "Leyla, vete a lavar la cara" —grita, y mi hermana se ríe porque literal es ella—. "Chicos, se van, se bañan, se lavan los huevitos, ¿saben?, y las axilitas, y todos los pliegues bien". No, yo tengo que casi sentarme a vigilarlos lavarse el cuerpo a los casi ochenta años.—bufa — Me dan hueva, me sacan canas. Leonor, te estoy hablando. "Leo, por favor. Hija, mira, es así, así." "Ay, no, lo voy a hacer a mi modo. Luego viene mamá: “tenías razón”" Sí, porque ya viví, porque tengo nariz y los huelo, porque tengo ojos y tú no tienes ni dieciséis. Son tercos los cinco, horribles.
—En cambio, como yo soy buenísimo, casi perfecto, un amor, a mí me hablan bien siempre —dice mi papá.
Todos nos reímos; mi mamá nos guiña un ojo.
—Sí, perfecto, amor.
Mi papá sonríe orgulloso y más nos reímos.
Mis hermanos le recuerdan a mi papá que tiene que seguir bajando maletas. Mi papá se ríe y los manda a hacer eso mientras se prepara algo de beber. Lo paso riquísimo con ellos, de verdad que sí.
Estoy viendo el atardecer cuando mi hermano se acuesta a mi lado en la silla, como si él fuese un bebé. De todas formas, le doy un beso y lo acuno como cuando era un bebé.
—¿Qué pasa, Haby?
—Nada.
—¿Quieres decirme algo?
—Sí. No quiero que hagas el entrenamiento militar. ¿Qué tal si te quiebras una uña, si se te agarran de los colochos y te los despeinan? No siento que sea necesario, estoy muy preocupado.
—Ey, te traje café. Y a ti.
—Hola —dicen los otros tres.
Me río.
—Estamos hablando del entrenamiento.
—Sí, pero estás grande, Habib. Deja el gym o algo, haz dieta; mamá está preocupada por el dinero que se gasta en alimentarlos.
—Mamá está rayando el tacañismo. Esa señora quiere que comamos menos, que nos bañemos bien pero rápido. La señora está en la menopausia —conspira, y me río. Amo a mis hermanos.
—Leonor es lo que nos preocupa. Otro día hablamos de mi mamá. Hay que entenderla, creció en una dictadura.
—Sí, muy limitante tener un papá como el de ella.
—Ella lleva bien la libertad y tú no conoces la prisión. No creo que debas ir. No vayas, ¿sabes? —dice Kamal—. Nosotros iremos los tres después, a los dieciocho, y haremos lo que sea. Pero tú eres Leonor, eres una princesa, no deberías ensuciarte las manos.
—Siendo muy honesta, con tres adolescentes anormales —les digo, y ellos sonríen—, no quiero gobernar, pero si tengo que hacerlo no quiero excusas ni cuestionamientos sobre mi carácter. No voy a agachar la cara ni sentirme incompetente.
—Leonor, es tu decisión, pero siempre vas a contar con nosotros. Mamá no quiere que tengamos títulos o estemos involucrados, pero somos tus hermanos y no vamos a dejarte sola —promete Gabriel.
—Sí, lo que él dijo.—me guiña un ojo Kamal.
—Copy paste—habib se encoge de hombros
Los cuatro vemos a Leyla y ella dle d aun sorbo eterno al café antes de decir:
—Yo no voy a ir a que me rompan nada —dice Leyla, y todos reímos—, pero voy a verme linda a tu lado mientras inauguramos escuelas, parques, culturizamos y embellecemos el país —comenta en un tono político.
Más nos reímos.
Amo a los hermanos de Leonor, todos, no tiene un solo hermano que no la adore.