“¿Y si soy mala?” pregunté con descaro. Su mirada se clavó en la mía, y en lo profundo de sus ojos, vi una promesa tentadora, oscura, seductora y llena de una amenazante advertencia. En ese fugaz instante, sus ojos revelaron un mundo de pasión y posibilidades, hundiéndome en el embriagador magnetismo de su presencia. —Entonces descubrirás cómo trato con las niñas malas, ¿verdad, princesa? Sus ojos se entrecerraron levemente, un sutil cambio que delataba una intensidad apenas contenida. La leve curva de sus labios insinuaba una confianza ardiente, una silenciosa seguridad de que sabía cómo navegar la delicada danza entre nosotros. Al clavar su mirada en la mía, una leve sonrisa se dibujó en las comisuras de sus labios, una oscura promesa que me provocó un escalofrío de anticipación. Su c

