El dolor de parto era intenso más de lo que recordaba en la última vez, sentía como si fuera a desmayarme en cualquier momento solo pensaba en Fátima si había podido comunicarse con mi madre, el sudor en mi frente corría por el inmenso dolor que sentía en ese momento. Una joven enfermera se acercó a mí para darme un poco de consuelo, tomando mi mano helada entre las suyas me llamaba con bastante ternura. —Todo estará bien no te preocupes, tu sólo deja que todo siga su curso. Su voz sonaba muy angelical y me provocaba bastante paz el escucharla calmaba todos mis miedos, pude levantar la cabeza con un poco de dificultad y hablar un poco con ella. Mis ojos me engañaban, me jugaban una mala pasada ya que por el dolor tan fuerte no podía ver con claridad su rostro lo veía borroso y la luz d

