—¡Pero dime hija! ¿Cómo están? ¿Dónde están viviendo? ¿Están bien?
—¡Estamos bien mamá! De echo estamos mejor que nunca, no podríamos estar mejor.
—¡Hija te extrañamos mucho! Todo este tiempo que no aparecían estuvimos muy angustiados.
—¡Perdón papá! Pero necesitaba tiempo para procesar todo lo que pasó en nuestras vidas.
—¡Lo entiendo! ¿Ahora estás mejor?
—¡Si papá! Soy feliz sola con mis hijos.
—¡Ay hija! sigo pensando que los niños necesitan a su papá.
—Mamá, no comiences con lo mismo o me tendré que desaparecer de nuevo.
—¡Rita, basta!
—¡Está bien ya no diré nada! Vamos a casa, quédense hoy a dormir con nosotros.
—Mamá es jueves, mañana tengo que trabajar, pero te prometo que el sábado voy a visitarlos.
—¡Debes prometerlo! No se vuelvan a alejar de nosotros.
Sentir que mi madre me tomaba de las manos con su mirada llena de súplica me hacían ablandar mi corazón con todo lo relacionado al pasado. Suspiré y la volví a abrazar, calmando sus miedos un poco y asegurándole iría a visitarlos.
—¡Iré madre! Nos tenemos que ir ya es tarde y los niños tienen que dormir temprano.
Nos alejamos y fui directo a casa, dudaba mucho si decirles dónde vivíamos ahora. Dudaba mucho si confiar en mí madre ella siempre estuvo a favor de Román y a mi me excluía y trataba como si fuera mi culpa todo.
Por el momento mantendría la ubicación de mi casa en secreto, hasta verificar que podía confiar en mi mamá lo suficiente.
Fuí a trabajar al día siguiente, ese día había pensado mucho en Angélica y la llamé, tenía más de un año que no sabíamos una de la otra. Tomando el teléfono marqué el número de su casa el cuál sabía muy bien de memoria pero solo se escuchaba un mensaje de una contestadora mecánica.
* El número marcado no existe, favor de verificar.
Desconsolada por no poder comunicarme colgué el teléfono y seguí con mi trabajo, después iría a su casa a buscarla ( un después que no llegó por varios años )
—¿Quieres ir a comer?
—¡Hola jefe!
—Vamos a comer algo y después pasamos a recoger algunas compras.
—¡Ok! Vamos.
—¿Estás bien? Te noto algo dispersa.
—Anoche que fui a comprar la despensa fuimos a un supermercado nuevo y ahí nos encontramos a mis padres.
—¿Te dijeron algo malo?
—Al contrario, mi mamá se portó bien, cómo una madre amorosa que extrañaba a su hija que no había visto por varios años.
—Eso es bueno. Tú y los niños necesitan una familia, no pueden estar solos todo el tiempo.
—Eso mismo pensé.
—¿Y que decidiste?
—Mañana iré a visitarlos, mi mamá quería que nos quedáramos a dormir con ellos ayer.
—Mañana quédense, disfruta de tus padres y deja que mis niños disfruten de sus abuelos.
—¡Eso haré!
Comimos en mucha paz, seguimos charlando sobre algunos asuntos pendientes del trabajo y algunos otros temas sin importancia. Regresamos a trabajar y comencé a ordenar todo lo que habíamos llevado.
—¡Hola Olga! ¿Te ayudo?
—¡Si, claro! Así terminamos más rápido.
—Olga, últimamente sales mucho con él jefe y aquí ya comienzan los rumores.
—¿Enserio? Si supieras que no quiero salir a realizar compras, es muy cansado y tedioso cualquier día les dejo mi lugar para que vayan y las hagan.
—¿Sólo hacen compras? Hemos notado que el jefe está de muy buen humor cuando está contigo.
—Sabes algo, no me interesa lo que piensen todos ya te lo había dicho y lo diré siempre yo aquí vine a trabajar no a estar metida en habladurías.
Seguí ordenando material y no volví a decir una palabra, ahora entendía el porque se había ofrecido a ayudarme sólo era para poder sacar alguna información de lo que había entre Federico y yo, pero se quedó sin conocer lo que sospecha o buscaba.
Llegó el sábado y después de limpiar la casa y arreglarnos salimos a casa de mis padres, Fátima estaba muy emocionada por ver a sus abuelos y tíos, la entendía bien porque ella había convivido mucho tiempo con ellos.
Al llegar Néstor estaba afuera de casa con un amigo al momento de vernos corrió y me abrazó, se podía notar cómo sus ojos se llenaban de lágrimas.
—No te vuelvas a alejar, mucho menos llevarte a los niños como si nada.
—No lo volveré a hacer lo prometo.
—¿Cómo estás Fátima? ¿Y tú Ulises?
—¡Tío, te extrañé mucho! Ya no tengo con quien jugar.
—Yo a ti pequeña demonio, tu mamá me había dicho que los cuidaría pero se consiguió una mejor opción.
—No quería que descuidaras tus estudios.
—Entren hace demasiado calor aquí afuera.
Néstor se despidió de su amigo y entró con nosotros, saludamos a los que faltaban y mi mamá ya estaba preparando la comida.
—¡Bienvenidos hija! Adelante, tomen asiento en un momento estará la comida.
—¿Volverás a traer a los niños Olga?
—Si, ya vendremos más seguido.
—¿Porque no los cambias aquí a la escuela hija? Yo estaría al pendiente de ellos.
—Ellos ya tienen una rutina mamá y no quisiera moverlos.
—¡Entiendo eso! Pero piénsalo, así no pagarías por quién te los cuide, porque pagas o me equivoco.
—Lo pensaré mamá, después hablamos de ese tema.
—Anoche platicando con tu papá nos dimos cuenta que Román no sirve para nada, no siquiera te ha buscado ni mucho menos a los niños, bueno Fátima no es su hija pero Ulises si lo es y no se preocupa por él.
—Eso me tiene sin cuidado mamá, no quiero saber de él más que para el divorcio.
Mi mamá asintió y dejó el tema de lado, eso me sorprendió ya que jamás lo había hecho siempre trataba de imponer sus pensamientos y su voluntad.
Pero ahora creo había cambiado mucho, éste tiempo lejos de ella le sirvió de escarmiento para no entrometerse en mi vida ni mucho menos en mis desiciones.