Un beso, lleno de amor.

1272 Words
Federico y yo pasábamos mucho tiempo juntos dentro del trabajo y algunas ocasiones salíamos a comer, claro siempre fue por cuestiones de trabajo. Las habladurías y murmullos cada vez que nos veían juntos seguían, pero eso me tenía sin cuidado porque sabía muy bien que no era más que chismes de trabajo. —Olga ¿podrías acompañarme a buscar las nuevas cajas para empacar? Necesito que sepas quién es el proveedor para que tú lo hagas cuando yo no pueda. —Claro jefe. Mientras trabajamos le seguía diciendo jefe o señor Viera, no quería avivar el chismorreo entre los trabajadores. —Olga deberías tener más cuidado en como te comportas, ya se está hablando mucho de ti. —Eso me tiene sin cuidado yo vengo a trabajar y eso es lo único que hago. —Todos piensan que estás saliendo con el señor Federico y que es por tu culpa que se está divorciando. —Eso es mentira, no estoy saliendo con él ni mucho menos es mi culpa que se esté divorciando, eso ya había sucedido antes de que yo entrara a trabajar aquí. —Eso lo tengo muy claro, pero todos creen que entraste aquí por ese motivo. —Dediquemos el día a trabajar, sólo que te quede muy claro que no estoy saliendo con el señor Viera. No me afectaba en lo más mínimo que pensaran mal de mí, pero no quería que esos rumores llegaran a oídos de la mujer loca de mi jefe. Demasiado tarde ya se había enterado a lo que tuvimos otro enfrentamiento pero ésta vez no me deje amedrentar. Federico y yo salíamos a buscar las cajas con el proveedor cuándo su aún esposa llegó y al vernos salir juntos se puso furiosa y corrió para atacarme. —¿Que crees que haces con mi esposo? Te vas a arrepentir maldita zorra. Mi reacción fue retroceder para que no me lastimara, Federico de interpuso y la detuvo sujetando sus brazos para que no me lastimara. —¡Basta Silvia! ¿Que te sucede? —Esta zorra no entiende que tú eres mi esposo. —¡Señora, es suficiente! No soportaré una agresión más por su parte, si vuelve a atacarme ahora sí presentaré cargos en su contra. —¡Cállate maldita! No tienes derecho a decir nada, no eres más que una amante barata. —No me ofenda, yo no soy amante de nadie usted está completamente desquiciada. —¡Ya es suficiente Silvia! no puedo creer que digas con lo mismo ¡estoy harto de ti! —Federico por favor, hablemos necesito que me escuches. —No quiero, sólo quiero el divorcio. —No te daré el divorcio nunca, no te dejaré ser feliz con ésta cualquiera. La señora Silvia salió furiosa del lugar, su mirada causaba un poco de miedo. —Lo siento mucho Olga, si quieres presentar cargos en contra de ella está bien lo entiendo. —Nada de eso, lo dije sólo para que me dejara de molestar. —Estas en tu derecho si lo quieres hacer. —Por el momento no, si me vuelve a agredir físicamente lo haré. Subimos a la camioneta y nos fuimos directo con el proveedor, durante la tarde estuvimos ocupados eligiendo las cajas y todo lo que hacía falta, era muy tarde y ninguno de los dos había comido. Al salir de la bodega me dí cuenta que había un taxi estacionado en la esquina y se podía ver qué había personas dentro, se me hizo extraño pues nadie descendía, no presté más atención y volví a subir a la camioneta. —Iremos a comer algo, son casi las cinco de la tarde y no hemos probado alimentos. ¿Algo en específico que desees? —Lo que sea está bien. —Algo rápido ¿te parece comida rápida? Para no esperar mucho. —¡Perfecto! Nos bajamos a comer y al mirar atrás volví a ver el taxi estacionado a una distancia considerable, sería paranoia o no pero sentía que alguien nos estaba siguiendo. Despues de comer fuimos a la empresa ya era la hora de salida así que sólo entré por mis cosas y estaba por irme del lugar. Cuándo estaba saliendo la ví parada enfrente de mí. La esposa de Federico me veía con una mirada asesina, sentí como se me heló la sangre pero no quise darle mucha importancia, seguí con mi camino sin prestarle más atención, podía escuchar algunos murmullos detrás de mí mientras seguía avanzando. —Y sigues negando que eres amante de mi esposo, pero si que eres muy audaz maldita zorra. —Señora ya me están aburriendo sus jueguitos tontos. —¡No lo niegues! Los seguí y ví con mis propios ojos como fueron a comer juntos. —¿Entonces, era usted quien nos seguía? —Si, quería ver cómo me traicionaban, pero como me descubriste decidieron no ir a ningún hotel ¿cierto? —¡Señora basta! Me está ofendiendo, así como nos siguió debió darse cuenta que fuimos a realizar cosas de trabajo y que nuestra comida no fue más que algo rápido porque no habíamos probado alimentos en todo el día. No fue ninguna cita. —Tan barata eres que te llevo a un lugar de comida rápida. —No tengo porque escuchar sus tonterías. La mujer estaba por abofetear me cuando decidí dejarla ahí sola con todo su veneno, pero fui más rápida que ella y le sujeté la mano. —No se atreva a golpearme o pondré una demanda en su contra. Todo el mundo nos veía, estábamos dando un espectáculo bastante entretenido para todos los trabajadores. —Sigues con lo mismo Silvia ¿Ahora que quieres? —Decirte que jamás te daré el divorcio. No te dejaré ser feliz, si yo no lo soy tú tampoco. No quería seguir siendo el centro de atención no mucho menos la burla de todos mis compañeros así que me fui de ahí, seguí mi camino con la cabeza muy en alto. Esperaba el autobús en un paradero más retirado porque no quería ver a nadie ni mucho menos dar explicaciones de lo que había pasado cuando un automóvil familiar se detuvo frente a mí y abrió su puerta. —¡Sube! Subí rápidamente para que nadie me viera, no quería que los chismes siguieran rondando. —¡Te pido disculpas Olga! Indirectamente estoy dañando tu imágen y eso no está bien. —Descuida, tú no tienes la culpa de tener a una esposa loca. —Espero sea ex esposa próximamente. ¿Tú ya pudiste en encontrar a tu esposo? —Nada pareciera se lo tragó la tierra. —¡Tenemos un desastre de vida! En eso somos muy parecidos. —Nos tocó un destino muy cruel. Seguimos platicando durante el trayecto a mi casa, lo veía sonreír algo que nunca pasaba en el trabajo y eso me enamoraba cada vez más. Al llegar a mi destino pude escuchar un profundo suspiro y me giré para verlo, me despedí pero no me permitió bajar tomando mi mano. —Olga, me gustas no sé cómo no cuando pasó pero me gustas mucho. Después de decir esas palabras me jaló a sus brazos y me besó, fue un beso como nunca lo había sentido, un beso tan puro y lleno de calidez que inundaba mi corazón haciéndome sentir plena. Correspondí a ese beso sin más, en ese momento no me importaba nada yo me sentía más feliz que nunca. No importaba que yo siguiera casada ni mucho menos que Federico también lo fuera, sólo éramos él y yo disfrutando de un tierno beso lleno de amor.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD