De manera lejana escuchaba la discusión entre ellas. Todo comenzó a darme vueltas. —Mamá, no es para tanto, en un par días seremos esposos. —¡Jovencita!, aún no te has casado. ¡Nos vamos a la casa! —Lady Marie —habló él, yo no di más, el mundo pereció ante mis ojos, me sentí desfallecer. No supe cuánto tiempo pasó, no quería abrir mis ojos, percibí su aroma a centímetros de mis fosas nasales, lo tenía cerca, estaba entre sus brazos, la piel volvió a erizarse, desde su regreso ese era nuestro primer acercamiento. —Está reaccionando —comentó. —Pronto llegaremos a la casa. ¿Puedes seguir cargándola? —Por supuesto señora Marie —habló en tono seco. —¡Por nada se escandalizan! —escuché a Elizabeth. —¡Cállate!, no quiero hablar. Al abrir mis ojos él ya lo hacía. Como deseé hacerle much

