Algo pasó, una gratificante serenidad embriagó mi ser, decidí seguir caminando, después de una media hora llegué a un pueblo. No sabía cómo se llamaba. Debía esperar, aún era de noche, espero encontrar un lugar donde pueda vender una de las joyas. Las calles se encontraban solas, era entendible, ya era media noche. A lo lejos se escuchaba música, decidí dirigirme hacia ese lugar. Al llegar confirmé mis sospechas, era una cantina. ¡Diantres! —No puedo ingresar a un lugar como ese, además, huele a lluvia. Era extraño, desde mi embarazada percibo mucho más ciertos olores y sensaciones—, pronto lloverá, decidí sentarme a un lado a esperar, bajo el techo de esa cantina, no iba a mojarme. El descanso no duró mucho, mi tranquilidad fue interrumpida por tres hombres borrachos, de seguro me conf

