Bajé a recepción para firmar la planilla de salida, tengo el tiempo justo para llegar a casa, en esta época del año el sol no sale tan luminoso. Entregué el turno, me quité la bata, tomé el morral y bajé al parqueadero. Entré al auto, no me detuve hasta llegar a la casa. Miré el reloj, faltaba un cuarto para las cinco de la mañana. A control remoto abrí las puertas, al cerrar regresó esa sensación de vigilancia, los colmillos se desplegaron de nuevo. Una vez se cerraron las puertas del garaje podría ser libre, salí a una velocidad relámpago, verifiqué que todo estuviera cerrado mirando con disimulo por las ventanas para ver si veía a quien esté vigilando. Cuando vivo con Grace ella duerme en la casa. La luz eléctrica no me afecta y la tecnología ha facilitado mi vida de vampira de mane

