Ya habían pasado un par de horas desde que Mateo se había marchado cuando la puerta volvió a sonar, podía sentir mi corazón latiendo contra mi pecho, obligue a mis pies a dirigirse hacia la puerta, esta vez un hombre alto que nunca había visto en mi vida estaba ahí, parado, mi cabeza a penas si llegaba a sus axilas, se veía amenazante, incluso su olor era tan pesado que me picaba la nariz.
—Buenos días, disculpe ¿quién es usted? —me obligue a preguntar, mi pregunta pareció enojarlo o al menos fastidiarle, como si estuviese preguntando tonterías.
—Mi nombre no es importante, pero puedes llamarme Dan, estoy aquí por el dinero de la señora Sofía —Sofía, ese maldito nombre, quería gritar, maldecir, simplemente explotar.
—Yo… si… disculpé lo estábamos esperando —le dije sin poder ocultar mi nerviosismo, sus feromonas eran fuertes, un claro signo de un alfa.
—Toma, firma —fue todo lo que dijo, antes de entregarme un papel, el pequeño papel que nos dio tenía el nombre de mi padre, y ya tenía una firma, Sofía Torres, se podía leer con una letra pulcra y clara, después de revisar que todos los datos estuviesen correctos firme, bajo la atenta mirada de Dan.
Después de que firme me dio uno de los papeles, mientras él se quedó con el talonario, y sin decir nada más se giró para marcharse.
—Esperamos el siguiente abono pronto —esas palabras me cayeron como un balde de agua fría, mi cuerpo quería desplomarse en ese instante, me aferre al marco de la puerta, mis nudillos blancos y mi respiración entrecortada parecían ser lo que Dan estaba buscando, pues solo me miró con una sonrisa cínica.
—¿Cuánto… cuánto es lo mínimo que podemos darles? —no sabía cuándo, pero tenía que abonarles lo más pronto posible.
—Mmm… No nos hagan venir por menos de 100 dólares —no necesito decir nada más para dejar claro su punto, cuando aquel jeep n***o dio vuelta en la esquina pude sentir como el aire abandonaba mis pulmones y como mis piernas empezaban a ceder.
—¿Papi?
—Todo está bien cariño, todo está bien
Obligue a mi cuerpo a que se levantará, Esteban me miraba sin decir nada, solo liberó sus feromonas, el suave olor que emanaba y la calidez del pequeño cuerpo de mi bebé hacían que mi corazón se calmara.
Tomé con cuidado aquel papel, que significaba todo para mí, le tomé varias fotos antes de guardarlas en la nube.
Lo siguiente sería reunir 100 dólares más, pero mi cuenta había quedado prácticamente vacía, y aparte no era la única deuda por pagar.
———POV de Mateo ———
Ese maldito, incluso su nombre es una molestia “Esteban”, ese desgraciado embaucó a Adán, no voy a permitir que le haga daño.
*Ring ring*
Mi teléfono no dejaba de sonar, ese ruido estaba taladrando mi cerebro, no necesitaba ver el nombre para saber quién me estaba llamando, esa melodía tan cursi la había programado Cristina como su tono de llamada personalizado.
—¡¿Dónde estás?! …
—Ya voy de camino — no la dejé terminar y sólo sentó el teléfono antes de que pudiera decirme otra cosa.
No tenía la paciencia suficiente para aguantar sus estupideces, Últimamente me he encontrado muy irritable.
Mis Nudillos blancos resaltaban contra el volante, el vehículo empezó a moverse lentamente, solté un último resoplido antes de ponerme en marcha.
El trayecto fue corto y no hubo nada destacable en él, los mismos edificios las mismas calles, a pesar de no haber casi nada de tráfico, me demoré casi media hora en llegar.
El departamento de Cristina era visible desde la calle, ese edificio era realmente ostentoso.
—Al fin llegas.
—Yo también te amo.
—No me vengas con tus tonterías, llevo horas esperándote, ¿dónde estabas? Sabes que… no me importa.
—Fui a ver a Daphne —esa simple frase hizo callar a Cristina, Cristina no se atrevía a decirme nada, ni siquiera a mirarme.
Desde la muerte de Daphne, las cosas con Cristina habían ido en picada, nuestra boda seguía pospuesta, yo aún no lo había superado y ella había estado muy ocupada con la rehabilitación y con su carrera en pausa.
—Es hora de que lo superes — me dijo con eso tan fría y desprovista de sentimientos.
“¿Cómo superas la pérdida de una hija?”
Quería gritarle, actuaba como si la muerte de nuestra pequeña fue algo sin importancia, como quien pierde las llaves, y luego consigue unas nuevas y olvida las que perdió.
Un ligero sabor ocre llenó mi boca, inhalé tan profundo como pude antes de liberar el aire. Cerré los ojos, sólo por un instante, necesitaba despejar mi mente.
Para cuando los volví a abrir, Cristina ya se había ido, no era difícil saber dónde estaba, y de nuevo el teléfono empezó a sonar.
Solté un último bufido antes de empezar a bajar, aún no había llegado el primer piso, pero me parecía, ya estaba oyendo lo que tenía por decirme.
Al llegar al estacionamiento, lo que me recibió fue el repiqueteo de sus tacones contra el cemento, tenía los brazos cruzados, a la par que golpeteaba sus largas uñas contra su antebrazo.
*Click*
Cristina no espero ni un segundo antes de subirse, a medida que avanzábamos, se negó a dirigirme ni una palabra, no despegaba su vista del teléfono.
Aún falta 10 minutos para la hora de entrada, pero Cristina actuaba como si hubiésemos llegado tarde por más de una hora.
—La estábamos esperando, señorita Cristina.
La manager de Cristina la saludaba con cortesía mientras le indicaba adonde debía dirigirse, Cristina sólo le hizo una señal con la mano sin detenerse.
La carrera de Cristina no había tenido el mismo impacto que antes del accidente, para cuando me senté en un sillón, Cristina ya había sido abordado por varios maquilladores y estilistas.
La belleza de Cristina era innegable, hoy día iba a participar en una sesión de fotos para un catálogo de vestidos de novia para una importante marca del sector, este había sido su primer trabajo importante desde que el día.
Mi mente volvió nuevamente a lo ocurrido en esa mañana, no podía dejar de pensar en Adán y en ese despreciable alfa que lo había engañado.
—Sin duda, sería una novia hermosa.
La sonrisa de Cristina se ensancho, y yo aún me he preguntado si nuestra hija hubiese heredado su sonrisa, ¿a cuál de nosotros se hubiese parecido más?, le hubiese gustado el modelaje como su mamá, o tal vez los números, no he podido evitar, le extrañaba, pero al final eran sólo preguntas sin respuestas