El sensor, el bendito sensor, esa cosa pequeñita que introducían quirúrgicamente en la cabeza de cada habitante de las ciudades pertenecientes al Nuevo Orden Mundial y que se encargaba de escanear cada impulso eléctrico por medio de un encefalograma de alta tecnología, ese era el arma de control más poderosa del Sistema y con el cual creaban el mapa cerebral de las funciones mentales de cada individuo, así conocían lo que movía a cada quien diariamente, si alguien sentía frustración, miedo, angustia, molestia, ira o cualquier cosa que alertara sobre la presunta actuación de los ciudadanos, prever si algo estaba mal, o si alguna persona podía considerarse peligrosa para el Sistema. Esa cosa era la que iban a implantarle a Minerva, no había de otra, todos los ciudadanos de Omnia mayores de

