Capítulo ocho: ¿Detención Política o Secuestro? Said miró a su mujer, sentada frente a él en el avión privado. Tenía la sensación de que estaba tramando su asesinato. Por suerte, Layla no era muy fuerte o empezaría a temer que le clavase un cuchillo cuando menos se lo esperara. Aunque en ese instante parecía capaz de intentar asesinarlo con un simple tenedor y era en cierto modo comprensible, pero él debía salvaguardar sus intereses y eso pensaba hacer. No podía ser blando. Layla estaba esperando un hijo suyo, su heredero. Por fin lo habían logrado. En cualquier otro momento eso hubiera sido causa de celebración. Había cumplido la promesa hecha a un padre —al menos en muerte—, al que nunca había podido complacer del todo en vida. En cuanto lo descubrió, su único pensamiento fue c

