Pero él no le dió tregua, se incorporó mientras ella aún hacía movimientos compulsivos derivados del orgasmo, acercó sus caderas a las femeninas y colocando la punta de su poderoso m*****o en la entrada íntima de ella fue presionando poco a poco hasta que el glande se fue abriendo paso entre los labios y el canal casi virgen de ella, porque la sentía muy estrecha, la fue penetrando poco a poco, milímetro a milímetro, hasta que el glande estaba casi enterrado por completo en el canal íntimo.
Emma sintió como el colocaba su mástil poderoso a la entrada de su intimidad y luego experimentó un placer inconmensurable mientras ese poderoso m*****o comenzaba a separar sus labios y su canal íntimo. Nunca había experimentado esa sensación tan fuerte, y era enloquecedora por sí misma. El poderoso m*****o continuó abriéndose paso indetenible y con ello el placer de ella iba aumentando en una espiral vertiginosa. Cuando el hizo una pausa abrió los ojos para mirarlo a la cara, era tan guapo y viril, tan fuerte y de líneas varoniles hermosamente definidas.
Ella sentía el m*****o latiendo en la entrada de su intimidad, pues solo había entrado el glande pero era tan fuerte y grueso que la enloquecía. Su esposo no lo tenía ni la mitad de… ¡Su esposo!
El pensamiento atravesó su mente como un rayo caliente logrando que la excitación loca que tenía disminuyera de golpe haciendo que la parte consciente de su cerebro se activara.
«¡Esto no puede ser posible, Dios mío!» —su cerebro comenzó a aclararse mientras la culpa crecía en su pecho— «¡Cómo es posible que hayamos llegado a esto!»
Colocó las manos en el pecho masculino tratando de detenerlo, mientras las lágrimas comenzaban a llenar sus ojos y a rodar libremente por su cara angustiada.
Emma cortó el recuerdo de golpe llevándose ambas manos a la cabeza mientras se recostaba en el suave sofá que estaba en el jardín posterior al lado de otros dos iguales y rodeando una hermosa mesita de mármol y hierro forjado con un ramo pequeño de flores silvestres que lo adornaban. Esas hermosas y sencillas flores las cortaba todos los días su esposo Ryan en la mañana mientras conducía su silla de ruedas electrónica por los amplios prados que rodeaban la casa.
En Birmingham, Alabama, era bastante común conseguir casas como esa en las afueras de la ciudad. Amplias casas señoriales con enormes extensiones de tierra cultivable y césped, así era la casa que su padre le había dejado a Ryan en herencia.
Con ojos tristes miró alrededor mientras su pecho aún se agitaba tras el recuerdo de ese encuentro amoroso que nunca debió ocurrir, ella se había casado con Ryan tan solo hacía unos pocos meses. y ya había terminado su carrera de administración de empresas en la universidad mientras que él se dedicaba a los negocios en la ciudad comerciando todo lo que podía, desde madera hasta artículos electrónicos y electrodomésticos. Tenía un gran almacén también herencia desde el padre de su padre, el abuelo Norton, hombre firme y seguro de sí que llegó al estado de Alabama desde el oeste hostil de los Estados Unidos. Muchos decían que había venido huyendo y que era un peligroso forajido pero nadie podía dudar de la bondad del viejo Norton. Todos lo querían porque siempre estaba presto a ayudar si alguien lo necesitaba, y en su almacén siempre había crédito para los necesitados.
Ella era bastante tímida y recatada, sus padres eran bastante mayores cuando la concibieron, es como si hubiera ocurrido un milagro ¡Y su madre casi le había puesto ese nombre! Pero finalmente la cordura de su padre se impuso y la llamó como se llamaba su propia madre, Emma. Siempre se había acostumbrado al modo suave y pacífico de sus padres, iba con puntualidad al colegio y luego al liceo durante la semana y el domingo al servicio religioso del ministro Benson que parecía que nunca envejecía, quizás por su piel oscura. Pero era un hombre tan bondadoso que toda la comunidad, feligreses o no, le tenían estima y profundo respeto.
Luego cuando entró en la universidad junto con su amiga Alba Morrison, quien había estudiado la secundaria completa con ella, allí siempre estaban huyendo de Wilson Miller, el bravucón del pueblo que se creía un conquistador y un personaje de importancia sólo porque su padre tenía una almacén muy grande en el centro de la ciudad. Él estaba enamorado de Emma pero a ella no le gustaba en lo más mínimo, no era muy guapo sino más bien muy rústico de facciones y aunque presumía de buen físico, su actitud prepotente y de busca pleito no lo favorecían a los ojos de los demás, en especial de Emma Coldbridge, que había sido criada en un puritanismo suave pero ortodoxo, ni siquiera levantar la voz de más estaba permitido en su casa. Así que huir de él era una especie de pasatiempo para Emma y de Alba.
Pero en el segundo año de asistir a la universidad conoció a Ryan Webster, quien era mayor que ella un par de años y estaba estudiando contabilidad. De inmediato se cayeron bien los tres, porque Alba era inseparable de Emma, y los tres se divertían muchísimo mientras estudiaban. Salían a comer helados y a pasear por la ciudad donde aún no había centros comerciales gigantes. Las diversiones de Birmingham era poco modernas, estaba rodeada de campos y montañas no muy altas ni llamativas.
Al poco tiempo fue evidente que Ryan estaba enamorado de Emma así que Alba simplemente se apartó. Aunque eran muy amigas, Alba era diametralmente opuesta en carácter y ánimo a Emma; ella era más abierta y desenvuelta y muy fresca y sincera, lo que no dejaba de escandalizar a su amiga con mucha frecuencia. Ryan y Emma se hicieron novios en el tercer año de la universidad y así estuvieron hasta casi el último año en el que Ryan habló con el papá de Emma, pues su madre había muerto unos años atrás. De allí formalizaron su relación, sin embargo Alba se burlaba de que iban a llegar vírgenes al matrimonio y quizás unos años más allá por su comportamiento mojigato y cerrado según ella.
Y es que Ryan había sido criado en una familia muy ortodoxa y formal, donde el libertinaje, el alcohol y las fiestas desenfrenadas estaban severamente prohibidas y sí, Ryan Webster era virgen y eso que su mejor amigo, quien vivía en una ciudad vecina era un abierto aventurero. Emma lo conoció en una ocasión en la universidad cuando él fue a invitar a su amigo Ryan a irse a las montañas rocosas a explorar, pero su amigo se negó porque igual no le iban a dar el permiso. Entonces su amigo Luciano se burló de él, pero finalmente lo abrazó porque se querían mucho.
Luciano Martins era la antítesis física y moral de Ryan Webster, era más alto, más fornido y muy bien formado por su dedicación al gimnasio, le gustaba escalar montañas y pernoctar en zonas salvajes, también le gustaba la cacería y cualquier cosa que fuera peligrosa y llena de aventura. Y tenía un físico realmente privilegiado, Emma siempre le tuvo algo de miedo, se veía tan seguro de sus mismo, tan fuerte y valiente que ella lo miraba con los ojos bajos porque le daba pena que la mirara con esos ojos profundamente azules y burlones que le causaba un desasosiego que nadie más le hacía sentir.
Cuando finalmente ella terminó sus estudios ya Ryan era el encargado del almacén de su padre y tenía su propia entrada de dinero con su salario, su padre murió ese año de fiebres y solo quedó con su madre, una mujer muy puritana y bastante amarga y severa, a Emma ella tampoco le gustaba para nada, pero iba a ser su suegra así que trataba de quererla aunque sea un poco o lo que dejaba la dura señora, quien le conseguía un defecto hasta a un ángel en su trabajo, nada le gustaba y era sumamente protectora con su hijo, cuando él la llevó a su casa ella la miró de arriba a abajo como si fuera una vaca a quien iban a comprar, la señora la hizo sentir terriblemente incómoda y a ella le pareció que no llenaba las expectativas de la señora.
Finalmente se casaron en la primavera de ese año y se fueron de luna de miel a California aunque Luciano le había sugerido el gran Cañón en Colorado, pero a él le pareció muy salvaje por lo que Luciano se burló de él diciendo que no parecía nieto de un forajido, aunque ambos terminaron riendo de sus bromas, sin embargo, Luciano Martins fue uno de los padrinos de la boda, sus ancestros habían llegado a tierras americanas desde la época del salvaje oeste y sus antepasados habían sido de los afortunados, y rudos, de esos que habían encontrado oro en abundancia y habían tenido el coraje y la habilidad para defenderlo en una época en que las armas y la habilidad con ellas eran la ley. Sucesivas generaciones habían aumentado esas ganancias por el oro con sumo cuidado, por lo que Luciano Martins era un billonario aún desde la cuna, pero no era un atenido ni un mantenido, era ingeniero Geológico y era muy bueno en su trabajo.