No pensé que Maúrtua se atrevería tanto, incluso imaginé que se había olvidado de todo eso de cortejarme. Fui a trabajar normal, me presenté ante Melgarejo, bromeé buen rato con Matías porque en la reyerta le habían atinado un piedrón en una rodilla que le impedía caminar bien y el capitán le dijo que reposara hasta que no sintiera dolor. -Hoy no podrás ir hacer tus locuras-, le dije mientras me ponía mi chamarra y mi cartuchera. -Sí, pues, se lamentó, estaré aburrido llenando informes y recabando denuncias- -La gente busca siempre un apoyo en nosotros, así es que tendrás que mostrarte solícito-, le regañé. -Por supuesto, Fernanda, yo ya he hecho mesa otras veces. Estamos para eso, para ayudar-, infló su pecho. De repente una camioneta con lunas polarizadas se detuvo frente a la comis

