Era un cuarto pequeño, estrecho, incómodo, pero acogedor. Había una cama, un baño, una pequeña cocina, un horno, un microondas, una alacena, y un pequeño refrigerador. También un televisor chico y una mesa con dos sillas, ubicado en un segundo piso. Yo estaba demasiado nerviosa. Al fin estaba a solas con Aldo. Había soñado tanto ese momento. Lo ansiaba demasiado. Me parecía cautivante, muy atractivo y hasta seductor. Apreté mis dientes por la excitación del momento. Mi corazón estaba alborotado bombeando de prisa y sobaba mis muslos impaciente, sofocada por las intensas llamas encendidas en mis entrañas. No dejaba de jalar mis pelos excitada y febril. No sé si él lo notaba, pero yo ardía en deseos de lanzarme a sus brazos. Puso unas empanadas en el microondas. -En las noches, después de

