Me dejé llevar por la ira y la decepción. Fui al callejón de los malditos, con mi automática escondida en la parte de atrás de mi jean, sujeto en mi calzón. Yo pensaba encontrar a Monteza porque estaba segura que él había participado en el asalto. Mi cólera me tenía ciega y yo actuaba como una tonta, sin medir consecuencias. No estaba en su cuarto, sin embargo. Toqué varias veces y nadie abrió ni escuché siquiera algún murmullo. Me sentí decepcionada y apreté los labios. Chirrié los dientes y me di vuelta colérica, cuando vi a "Camarón" que salía de una callejuela llevando un maletín. No me podía confundir. Reconocí sus pelos, y también las manchas de los tatuajes en los brazos. Avancé resuelta con mis puños cerrados. Él me vio. -Quiero hablar contigo-, le dije furiosa. Fue una torpez

