Manolo se apareció en la puerta de mi casa. -¡Te buscan Fernanda!-, se preocupó mi madre. Claudia corrió dando tumbos, también pensando en algo malo. Frente a la puerta había un policía y no dejaba de tocar el timbre con desesperación. -¡Fernanda! ¡Fernanda!-, empezó a gritar Claudia. No terminé de vestirme. Me puse un short y bajé descalza. Mientras recorría apurada los peldaños me iba poniendo una blusa verde. -Hola, Fernanda-, me miró sonriente Manolo. Sentado en el suelo, moviendo su cola, sacando la lengua, estaba Cabito, el perrito regalón en mi anterior comandancia. -¿Qué ocurre? ¿Qué hace aquí Cabito?-, me sorprendí. El perrito me reconoció y empezó a lamerme y brincar alegre y divertido. -Nada, sino que Melgarejo dijo que era momento que Cabito busque un verdadero hogar-,

