El nombramiento como escolta del presidente de la nación me sorprendió sobremanera. Yo había pedido a la comandancia esa posibilidad un año antes, presentando mis documentos, pero de secretaría me dijeron que era difícil y no me hiciera ilusiones porque muchos oficiales postulaban por el puesto. Entonces ocurrió mi ascenso y, al parecer, eso impresionó al alto mando. Enviaron el legajo a Palacio de Gobierno, y respondieron que necesitaban rotar la escolta y mi nombre se barajó en el naipe de candidatos. Yo estaba de guardia esa tarde cuando Melgarejo me dijo que querían hablar conmigo desde la comandancia de Palacio. -¿Ocurre algo mi capitán?-, me sorprendí. -Estarás una semana en Palacio-, estiró él una larga sonrisa. Ser escolta presidencial es un importante caché en el servicio. No

