Los dos cuerpos estaban a bastante distancia, casi quince metros, entre uno y otro. Uno tenía un disparo en la cabeza y el otro un balazo le perforó el corazón, un tiro exacto que me sorprendió. Lo más curioso y revelante eran las pistolas que usaron, supuestamente, para matarse. Una estaba tirada cerca de su mano izquierda del tipo que le volaron los sesos y la otra entre las dos piernas del que le atinaron en el pecho. Y lo más raro, tenían las cacerinas vacías. -¿Se agarraron a balazos, mi teniente?-, me preguntó el Sub oficial Meza. -Aparentemente es lo que pasó, me rasqué los pelos, pero no están los casquillos- Pedí que buscaran las balas que faltaban. -Si se agarraron a tiros, deben haber proyectiles empotrados en las paredes-, dije. También pedí que preguntaran entre los niños

