No sabia que pasaba o qué querían estos hombres y la mirada del más adulto me asustaba, el se aproximó y dejó caer una bolsa de monedas frente al borracho sin apartar la vista de mi. Tire de su camisa como le hacia siempre para despertarlo cuando tenía hambre, o cuando hacía falta para comprar pan, al hombre que le ponía una taza de café caliente sobre la mesa, al que a veces me pateaba porque no hacía bien las cosas y el que alguna vez me demostró un poco de cariño. El hombre que dijo que una vez me encontró en la puerta de su casa, creyendo que al principio era una broma, pero que conforme nadie volvió por mi, no supo qué hacer conmigo, había pensado en entregarme aun orfanato, pero siempre dijo que con solo ver mis ojos, del color de los amaneceres no pudo hacerlo. Entre él y su herman

