– Discúlpelo señor – Señorita adelante por favor – me pide una revisión con un detector de metales y curiosamente suena, desabrocho satisfecha el cinturón de mi gabardina y muestro mi aspecto inofensivo, el soldado frunce el ceño y se sonroja sin poder apartar la mirada, ellos no saben lo que llevo debajo de tanta piel y le sonrió. También me quitan mis dagas. Mis cuchillas y la fornitura de carin. – Algo más soldado– él aparta la mirada avergonzado y parpadea dándonos paso. Pasa hacia el fondo del recinto doblando nuevamente y lanzando miradas desde su hombro, seguramente uno de ellos pidió que entregaramos las armas. Cuando llegamos al muelle veo un buque en reparación con mucha gente trabajando y sellando grandes orificios, la gente va y viene con monos azules y anaranjados, casco

