– Me voy – dice con la mirada perdida. – No… ¿Por qué? ¿A dónde? – Mis padres ya no pueden cuidarme y otra familia lo hará. – Pero no puedes irte… acabamos… No. No. No puedes irte – mi voz es desesperada. – Lo siento solo venia a despedirme. – ¡No! – la detengo aferrándola a mis brazos antes de que se dé media vuelta y las pierda para siempre – Ven conmigo – le digo con urgencia – No vuelvas… si le contamos todo a mis hermanos… seguro que ellos te aceptaran. Ella levanta su mirada y veo una chispa de esperanza. – ¿De verdad crees que ellos me aceptaran? – Por su puesto y si les explicamos con verdad … no hay quien cuide de ti… podemos estar juntas para siempre – tiro de su brazo en una carrera como si fueran aquitarmela en ese momento – Ya verás como estaremos juntas por siempr

