Sarah sintió la áspera barba seguida de un beso en el cuello, soltó un quejido y se intentó alejar, pero el brazo que la sujetaba desde el vientre no la dejó ir. Escuchó una risa y pronto sintió el aliento de Mark sobre su cuello. Entonces abrió los ojos y vio alrededor, seguía en el dormitorio de Mark, con él a su lado, aunque ya estaba despierto. –¿Qué hora es? –Las cuatro –contestó él intentando tranquilizarla, apenas un par de horas se habían quedado dormidos –. Tengo que ir a la granja, pero regresó a las seis cuando Addison despierte. –No puede ser –Sarah se dejó caer en la cama otra vez –. Creí que era más tarde –lo miró –. Espera dijiste que ibas a ir a la granja. –Tengo que ir a abrir el granero y darle de comer al ganado, no tardaré –se levantó buscando el pantalón. E

