La primera reacción de Katherine es saltar sobre Erick y darle un beso en la mejilla en agradecimiento. Mira la tarjeta con ilusión, no porque puede ir a gastarse todo lo que desee, sino porque él está reconociendo algo que nadie antes hizo por ella. Ni siquiera su padre, y no lo culpa, porque dentro de su ignorancia, su hija sólo se sacaba buenas calificaciones por cumplir con lo que le tocaba. —Te prometo, Erick, que nunca voy a defraudarte. Haré el mejor esfuerzo y pondré todo mi empeño en sacar las mejores calificaciones. Voy a batir todos tus récords, menos en las clases de deporte, porque esas te juro que me las voy a saltar. —Yo me salté las de arte —le dice él divertido sentándose en el escritorio—. Tengo una terrible habilidad con las manos. —Bueno, no podemos ser perfectos, ¿v

