Esa mañana siguiente César tomaba el desayuno. —Debo volver al trabajo. Me voy —dijo Alexa, le dejó un beso en la boca. —Sabes a café —le dijo él sonriente. —Umm…creí que todavía tenía tu sabor —hizo puchero y lo besó de nuevo y se fue. César negó con la cabeza y rió. Sonó su móvil. Miró la pantalla, era el investigador. —Alberto Morán. —Señor Puig. En su correo personal está la información solicitada. —¿Todo? —Lo que pidió, señor. —Es decir, ¿tan rápido? —No había mucho que investigar tampoco. —Gracias, ya te hago el pago. —No se apure señor. Gracias. César dejó todo y se metió a su correo personal desde la portátil que estaba en su escritorio. Leyó con detenimiento, información académica y profesional que ya conocía. Arantza Aristimuño, hija de Roberto Aristimuño y Lilia

