El día de la boda… —Buenos días Arantza. ¿Ya tienes el vestido? —preguntó César a través de la línea. —Si, que bueno que sea una boda de tarde y no de noche. —Lo que te pongas te quedará bien. —Ya estoy lista César. Puedes recogerme ya. César se puso en marcha, vestía un traje blanco de lino y camisa sin corbata blanca, así que anduvo con cuidado de mantener impecable su apariencia. Al llegar a la casa de Arantza se bajó y tocó la puerta, no quería esperarla en el carro, cuando abrió César la repaso sin disimulo, llevaba un vestido rosado sin manga en forma de franelilla en tela de camisa y falda vaporosa amplia de seda, el cabello recogido en una cola larga baja y maquillaje muy sutil, así era Arantza, hermosa y delicada. Ella también repasó su apariencia, lo admiró con más disimulo

