Los llevé dentro, pero ahora ellos me sostienen Valeria Hay momentos que se graban en el alma con más fuerza que en la memoria. El instante en que escuché el primer llanto de mis hijos fue uno de esos. Ya no eran solo sueños, ni miedos, ni palpitaciones internas. Eran reales. Eran dos. Dos pequeñas vidas que llegaron al mundo en medio del caos, como si el universo nos hubiera arrojado todas las tormentas para que supiéramos cuánto valía cada rayo de luz. Los tuve en mis brazos unas horas después del parto, pero ya Leonardo los había cargado antes que yo. Él fue el primero en tenerlos contra su pecho, con la bata del hospital, apenas cubriéndolo y sus lágrimas empapándole las mejillas. Me contaron después que no podía parar de repetir. “Papá está aquí, papá los cuidará”. Solo escucha

