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Dos años pasaron desde ese día, Elara corría entre los salvajes como una más,la reconocían y la respetaban, algún vez ellos mismos habían escapado del mundo por tan diversas razones que allí sintiéndose libres casi ni recordaban.
Correr, ser libre, sin ataduras. Ser lobo más que humano esa era la premisa.
Poco segundo podía dedicarle al pasado, en su estado animal limitaba sus emociones y prevalecia sólo la supervivivencia, no necesitaba más.
Había dejado su forma humana atrás ,su forma lobuna la envolvía y la hacía sentirse más alejada de las preocupaciones de los seres de a pie,el instinto se intensificaba y la hacía más exacta en sus decisiones.
La lucha interna de Elara también crecía. Aunque amaba su nueva vida entre los lobos salvajes, no podía ignorar la conexión sobrenatural que compartía con Zar. Un lazo que se negaba a romperse.
Había recibido el mensaje de su primo hacía unas noches.
[Debemos reunirnos, es urgente.]
Dudaba , podía ser una trampa del mismo Rey, tal vez para cortarle la cabeza por el desprecio que le había hace dos años ya.
Él nunca había detenido su búsqueda, pero nadie mejor que ella para escabullirse en territorios misteriosos.
No le sorprenderia que él quisiera asesinarla por sentirse humillado,su padre había sido un ser despreciable y ella no quería averiguar cómo era el hijo.
Miró su imagen en el espejo que el lago mismo le proporcionaba. Su estómago peludo podía sentir el cálido pasto creciendo debajo de ella, en esa noche de luna, nada era especial,pues muchas otras se habían encontrado también admirandola y rogándole que fuera todo un sueño, que su mate no fuera él, su enemigo.
"Es una noche hermosa" ,advirtió alguien a sus espaldas, Elara se llevaba bien con todos los machos y las hembras salvajes que podía reconocer, pero la comunicación trivial no era su fuerte.
"Supongo",respondió sin dejar de mirar el cielo, aunque le prestaba toda la atención a ese lobo que no reconocía del grupo de salvajes, tan solo por precaución.
"Hay noticias terribles que vienen de la capital" agregó el extraño lobo de ojos oscuros y misteriosos."Parece que los vampiros le han ganado territorio al Rey "
Elara se acercó al lago más de cerca y bebió de él como si estuviera sola y relajada.
"Dicen que su matrimonio arreglado no le sirvió para mantenerse...cuerdo"
"No me interesa" Elara por fin rompió el silencio,indignada por tener que oír asuntos de los que se quería mantener alejada, no era de su incumbencia saber sobre él.
"Debería..." aquellas seguidillas de palabras la habían hecho enojar, así que con su cuerpo tenso giró violentamente hacia adónde supuestamente se encontraba ese lobo, para terminar quedandose contrariada, porque allí en ese lugar mientras la luna iluminaba con su belleza característica, no había nadie más, tan solo ella.
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La noche no le fue fácil, casi no había dormido nada, no entendía si ese lobo era un enviado del Rey o de alguien más, tenía que desaparecer de allí, era cuestión de tiempo para que la encontraran si no seguía huyendo.
Así que temprano se alejó del territorio salvaje en el que residía y decidió profundizar más hacía el sur,después de todo en esos territorios solo habría salvajes.
Pero recordó las palabras del lobo misterioso, y por supuesto el mensaje de su primo no pudo escapar a su memoria.
[Aunque sea intentaré averiguar si está bien] se dijo.
Su primo no era alguien que armara alboroto por nada, más bien como todo alfa era práctico.
Si le había mandado un mensaje era porque de verdad necesitaba hablarle.
La había entendido y apoyado cuando decidió huir y de hecho le ofreció protección de por vida , pero Elara temiendo que el Rey se vengara con la manada de su primo decidió exiliarse a tierras desconocidas, solo recorridas por salvajes,después de todo conocía gran parte del terreno.
Un año después el Rey anunció su boda con una loba joven, hija de un alfa poderoso de las manadas del Este, Kristal era su nombre.
Un matrimonio arreglado,por supuesto.
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El corazón de Elara latía con fuerza mientras escuchaba las palabras urgentes de su primo Daniel.
Desde su exilio con los salvajes, había intentado dejar atrás todo lo relacionado con la manada de su primo y, sobre todo, con el Rey Zar. Pero ahora, con la amenaza de los vampiros avanzando y el peligro acechando a todos los lobos, se veía obligada a enfrentar su pasado.
Ese lobo que se había encontrado en la noche a la luz de la luna no le había mentido , las cosas estaban graves.
Daniel le explicó la situación con palabras apresuradas, su preocupación evidente en cada gesto.
Unos días atrás los vampiros habían atacado la manada,fueron demasiados los heridos incluidos niños inocentes, hasta su luna se vio mal herida, fue en ese momento que Daniel entendió que la unión entre Elara y el Rey Zar podría ser la única esperanza para detenerlos.
Aunque odiaba al rey vampiro con todo su ser, Daniel creía que esta unión estratégica podría ser la clave para salvar a su pueblo.
Elara no era una loba débil, más si solitaria, después de lo que le había sucedido a sus padres su infancia no había sido del todo fácil,algo totalmente entendible.
Por eso se había dedicado mucho a entrenar y a perfeccionar su defensa, algo que no era sobreestimado en estos tiempos de batallas.
La loba luchaba con sus emociones mientras absorbía la información.
Había huido de su destino como compañera del Rey Zar, negándose a ser parte de un matrimonio arreglado, ¿Qué otra cosa sería? Sus padres habían muerto a manos del padre de Zar, no era algo que olvidaría de la noche a la mañana.
Pero ahora, con la vida de su familia y su manada en peligro, se enfrentaba a una decisión imposible.
Se levantó de su forma lobuna con un suspiro resignado y se transformó en su forma humana.
Su piel se estremeció al sentir la ropa cubriendo su cuerpo, recordándole la civilización que había dejado atrás hace tanto tiempo.
"Gracias por la ropa" Exclamó delante del alfa.
Daniel la miró con ojos llenos de preocupación mientras Elara luchaba por encontrar las palabras adecuadas. "No puedo creer que estés considerando esto", dijo ella finalmente, su voz apenas un susurro.
Hacía tanto que su voz se había extinguido, su voz en forma de palabras, porque como loba los pensamientos eran lo único que necesitaba para comunicarse.
Daniel asintió sombríamente. "Lo sé, Elara. Pero el peligro es real, y necesitamos toda la ayuda que podamos obtener. El Rey Zar necesita a su compañera a su lado, ahora más que nunca"."los niños de la manada están en gran peligro ,los vampiros los secuestran lejos de mis tierras"
Elara se mordió el labio inferior, sintiendo una mezcla de rabia y desesperación arremolinándose en su interior. Había jurado nunca volver a la manada de su primo, nunca volver a enfrentarse al Rey Zar y a su destino predestinado.
Pero ahora, con las vidas de su gente en juego, se preguntaba si acaso podía permitirse seguir siendo tan obstinada.
"¿Qué debo hacer?", preguntó, su voz temblorosa con la carga de la decisión que se avecinaba.
Daniel colocó una mano reconfortante sobre su hombro. "Debes hablar con él, Elara. No tengo todas las respuestas, pero sé que juntos podemos encontrar una solución".
Elara asintió lentamente, resignándose a su destino. Sabía que no podía ignorar la llamada de ayuda de su primo, ni el peligro que amenazaba a su manada. Y aunque su corazón se resistiera con cada fibra de su ser, sabía que debía enfrentarse al Rey Zar , tal vez no tendría que aceptar su destino como su compañera, si él ya tenía una como se rumoreaba.
Con un nudo en la garganta, Elara se preparó para enfrentar al hombre que había intentado dejar atrás. Sabía que el camino por delante sería difícil y lleno de desafíos, pero por el bien de su gente, estaba lista para enfrentar cualquier cosa que se interpusiera en su camino.