Mientras la camioneta avanzaba por el sendero, Elara y el beta intercambiaban miradas de determinación.
Habían demostrado su valía en la batalla contra los vampiros, pero sabían que el desafío más grande aún estaba por venir: persuadir al rey para que permitiera a Elara unirse a la lucha contra los vampiros junto a su primo y su manada.
Era una cuestión de respeto pedir por su permiso, si ella se involucraba y ésto llegaba al oído del Rey después de todo lo ocurrido las consecuencias caerían sobre su manada.
Un rey dolido era lo último que se necesitaba.
El castillo del rey se alzaba imponente en la distancia, sus torres se recortaban contra el cielo nocturno. A medida que se acercaban, Elara reflexionaba sobre sus argumentos. Debía convencer al rey de que su presencia en la batalla no solo sería beneficiosa para su primo y su manada, sino también para todo el reino.
Uno de los puntos en el camino estaba lleno de lobos que respondían al Rey, y en ese momento dieron la orden de alto.
—Buenas noches ,debemos ingresar, queremos hablar con el Rey Zar, somos de....
—No me interesa dense la vuelta y los quiero fuera de nuestro territorio.—la risa de los otros lobos se escuchó claramente.
La voz del guardia parecía implacable.
—No me ha dejado terminar, nos envía el Alfa Dominicus, tenemos que hablar con el Rey.
—¿Asunto?—dijo el lobo mirando fijo al beta descreyendo que tuviera una buen razón.
—Mmmm..me temo que es privado, pero les juro que el Rey estará complacido de poder escucharnos.
—¡Bajen del vehículo!—la situación tomaba matices peligrosos, era necesario dar una razón valedera que les permitiera acceder al castillo, después de todo con el peligro por todas partes era normal que no dejarán ingresar a cualquiera a la casa del Rey.
—¿Quién es ella?
—Soy Elara....—dijo la loba sin cambiar la expresión tosca de su rostro— vengo a pedir permiso para poder proteger la manada del sur....
El lobo río tan fuerte que todos los demás se unieron menos Elara que seguía sería como nunca.
—Entonces házlo...¿Qué te detiene... heroína?
Las risas continuaron mientras el beta le hacía señas que lo dejara controlar la situación.
—Pues verás Genio, mí cabeza tiene un precio así que estoy aquí tratando de ser .....respetuosa supongo...
El hombre examino de cerca a la mujer de seriedad impenetrable
—¿Cómo dijiste que te llamas?
—Elara....Elara Valorian.
El beta tapó sus rostro con las manos por el nerviosismo del momento,el antiguo apellido real no había sido pronunciado hacía mucho tiempo, pero eso no significaba que no lo recordaran.
—¡¡¡Mientes!!!—el enfado del lobo era tal que la tomo por su cabello, pero Elara ni siquiera se movió,casi que no le importaba.
—Escucha ...escucha....—exclamo finalmente Sebastián el beta—es la mate del Rey...la estás tocando....no quedras que el Rey te castigue ¿O si?
—Nuestra Luna es la señorita Kristal, de la Manada del Este, dudo mucho que al Rey le importe una mierda ésta prostituta del sur.
Una sonrisa le dirigió la mujer enfrentandolo sin tapujos.
—¿Dónde está tu Reina ahora, si se puede saber?
El guardia mostró sus colmillos dispuesto a destruir a la loba pero lamentablemente para él se vió interrumpido.
—¿Interrumpo?—un rubio de ojos claros se aclaró la garganta acercandose lentamente hacia donde estaban, parecía venir desde el castillo.
Todos los guardias agacharon la cabeza.
—Por supuesto que no beta...pero ESTA MALDITA MUJER ...
—Suficiente....ustedes dos—dijo señalando a Sebastián y a Elara—deben irse, no son bienvenidos.
Elara miró hacia otro lado restándole importancia al lobo de ojos claros.
—Si me permite—dijo Sebastián acercandose al otro beta y bajando la voz—entiendo que no quiera verla a ella, pero por favor a mí debe de escucharme.
El rubio se quedó pensando unos momentos.
—Puedes entrar, ella te esperará aquí, los guardias velarán por su bienestar.
Los guardias se miraron enojados y bufando pero asintieron ante las órdenes de su propio beta.
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El corazón de Sebastián latía con fuerza mientras cruzaban los majestuosos pasillos hacia el despacho del rey.
Solo rogaba porque Elara se comportaba,de verdad era un ser impredecible.
Al llegar, fueron recibidos por más guardias que los escoltaron hasta el despacho del rey.
El ambiente dentro estaba tenso, con lobos de diferentes manadas reunidos en una reunión estratégica para discutir cómo combatir a los vampiros que amenazaban al reino.
El Rey Zar Stone, un lobo imponente con una mirada penetrante, estaba en el centro de la sala, liderando la discusión con voz firme. Sebastián se acercó con respeto, sintiendo la gravedad de la situación.
A pesar del terror que generaba por el poder que emanaba ,su mirada era de tristeza.
El rubio,mano derecha del Rey, cuyo nombre era Dorian, hizo las presentaciones necesarias dejando al invitado explayarse.
Todos los presentes enfocaron su mirada en él, Sebastián respiro hondo y se dió a la tarea asignada.
"Rey Zar Stone", comenzó Sebastián, su voz resonando en la sala, "en nombre del alfa Daniel Dominicus, el primo de Elara, vengo a pedirle permiso para que ella defienda a nuestra manada como un soldado más en la batalla contra los vampiros".
Los susurros comenzaron de inmediato...
—Esa salvaje....esa traidora..hija de esos malditos—susurraban los presentes.
El rey frunció el ceño, su expresión endureciéndose ante la petición.
Aún recordaba cómo había rechazado su oferta de ser su pareja, y eso había causado tensiones entre ellos.
El rey no había olvidado el rechazo, y la idea de permitir que Elara se uniera a la batalla como soldado no le sentaba bien.
Había tenido que dejar ir a Kristal con su padre a su manada del este, ya que ella sentía que él la ignoraba por completo y en parte era cierto.
"Niño", gruñó el rey, su voz llena de autoridad, "entiendo tu solicitud, pero Elara no es bienvenida en mi palacio, no la creo útil... y no puedo permitir que participe en la batalla".
Sebastián sintió la frustración arder en su pecho. Sabía que la negativa del rey causaría discordia en su manada y pondría en peligro la moral de los soldados. Además, sería una falta de respeto hacia el alfa Daniel Dominicus y su familia.
"Rey Zar Stone", insistió Sebastián, su voz firme, "comprendo sus preocupaciones, pero Elara es una luchadora valiente y fuerte. Ella desea proteger a su manada y luchar junto a nosotros contra los vampiros. Sería un honor tenerla a nuestro lado en la batalla".
El rey se levantó de su silla, su furia palpable en el aire. "¡Basta!", rugió, su voz resonando en la sala.
"Mi decisión es final. Elara no participará en la batalla, y está demás decir que QUIERO VERLA INMEDIATAMENTE, debe rendir cuentas ante mí"