Capítulo 6

1424 Words
Tras dos larguísimas horas aguantando charlas de cosas que no me interesaba escuchar, papá me da permiso para levantarme de la mesa y poder irme al fin.  Desde que le he confesado a mi manera a Mateo que estoy enamorada de él, apenas ha abierto la boca en toda la cena, incluso mamá le ha preguntado que porqué estaba tan callado.  Sonrío para mí, bueno, no sé si es una buena o mala reacción, pero desde luego ha reaccionado, de eso no hay duda. Y si lo ha hecho... es por algo. Quizá sea demasiado optimista. Subo a tocar un poco el piano antes de irme a la cama, siempre me ha relajado hacerlo. Respirar hondo y sentir las notas es mi peculiar manera de tranquilizarme. Sobre el brazo del sofá está todavía la chaqueta, recuerdo que Mateo se la dejó aquí la última noche. La cojo con cuidado, poniéndomela sobre los hombros e inspirando el dulce olor ya familiar de Mateo, es como si ahora mismo estuviera conmigo, y esa es para mí la mejor sensación del mundo. Me siento frente al piano y elijo el Claro de luna, de Beethoven. Es una canción tan buena, dice tantísimas cosas sin palabras... me emociono cada vez que la toco. Saber que una melodía como esa sale de mis dedos es algo mágico. Durante los ocho minutos de la canción estoy tan concentrada, que no noto la presencia de Mateo en la sala. — Te he oído tocar tantas veces esa canción... — Me dice, desabrochándose la chaqueta para acomodarse en uno de los sillones hasta que termino de tocar. — Es una de las que más me gusta. — Respondo, aún sin girarme ni mirarle. — Lo sé. — ¿Cómo lo sabes? — Por cómo la tocas, cómo la vives, cómo la sientes. Es un espectáculo verte, Alejandra. — Gracias... — Avergonzada, bajo la mirada a las teclas, a mis dedos todavía sobre ellas. — ¿Esa chaqueta es mía? — Pregunta divertido observando la prenda bien colocada sobre mis hombros. — Si — Comienzo a girarme poco a poco hacia él — Te la dejaste olvidada. — ¿Y por qué las llevas puesta? — Alza una ceja. — Es como si... — Me muerdo el labio inferior, sin saber si terminar o no la frase, al final me decido —...te tuviera a mi lado. Se levanta, con expresión seria, aunque es muy normal en él esa expresión, no me gusta que la tenga después de decirle algo así. — Debo volver abajo — Dice — Estarán preguntándose dónde estoy. — Está bien... — Vuelvo la vista al piano, decepcionada. — Adiós, Mat. — Buenas noches, Alejandra — Se pasa las manos por el pelo, revolviéndoselo, inquieto. Cierra la puerta dejándome en la soledad de mi música, triste porque no veo las cosas avanzar con él. Quizá me tenga que desengañar, dejar de pensar que algún día puede fijarse en mí de otra manera. Puede que sea imposible que en un futuro me mire con otros ojos. Pasada la media noche me voy a la cama, ha sido casi un buen día, pero necesitaría una mínima señal de Mateo para seguir en este intento de conquistarlo. No es un simple capricho, le quiero, solo puedo mirarle con amor, un amor que no había sentido hasta que le conocí a él. Quiero tenerlo conmigo, no como mejor amigo de mi padre, ni como su socio... quiero que sea mío por completo. Que algún día seamos felices juntos. Como una pareja. Si, lo sé, me estoy volviendo completamente loca... *** Al día siguiente, domingo, me levanto mucho más relajada. Tengo todo el día para no hacer absolutamente nada.  Mañana empezaría otra larga semana de clases y actividades extraescolares, necesitaba coger energía y, este día me vendría perfecto para eso. Cuando bajo a desayunar no hay nadie en la cocina, claro, es el día libre de Milagros, la mujer también necesita descansar. Papá debe estar en su despacho y mamá seguramente en el hospital, o en algún sitio perdido de la casa.  Me hago un vaso de leche y enciendo la televisión de la sala de al lado, donde dejo un programa donde hacen bromas a la gente que va por la calle, es entretenido. Pero mi mente está en otro lado, más arriba, ¿estará hoy también Mateo en casa? Suele pasar aquí cada día, aunque sea domingo. Después de todo, es el mejor amigo de papá, aunque se lleven unos años de diferencia.  Mateo, mi Mateo, ¿qué más señales puedo darle? ¿Qué más puedo decirle para que sepa que estoy enamorada de él?  Probablemente ya lo sepa y se haga el tonto, ¿qué narices va a hacer un hombre como él, con una niña como yo? Vuelvo cabizbaja a mi habitación, solo pensar que nunca tendré algo que tanto anhelo, me hunde. Estoy pasándolo mal sin ni siquiera haber tenido nunca nada con él... Me encuentro a papá por los pasillos, enseguida ve mi cara y se preocupa. Hay veces que no puedes disimular ciertas cosas. — ¡Pero bueno! ¿Qué le pasa a mi niña? — Dice abrazándome y levantando mis pies del suelo. — Nada papá, estoy... algo triste. — Me cobijo en su pecho mientras de reojo compruebo que Mateo viene a nuestro encuentro y nos observa. — ¿Qué te pasa, cielo? — Creo que mi padre todavía no se ha percatado de su presencia. — No sé qué hacer... aquí metida todo el día, sin salir a ningún sitio... — Me invento. — ¿Quieres que vayamos a comer fuera hoy? Mamá tiene trabajo pero podemos salir nosotros dos. — ¡Sí! — Sonrío, soltándome de él y dando pequeños saltitos — Mateo también puede venir, ¿a que sí? — Le miro ahora, que también sonríe viéndome ilusionada. — Mateo tiene su vida, cariño, no... — Os acompañaré encantado. Mi vida es mi trabajo y mi familia... mi familia sois vosotros. — Interrumpe a mi padre. — ¡Bien! — Grito, saltando sin parar y abrazando a papá de nuevo — ¡Gracias a los dos! — Ahora me tiro a los brazos de Mateo, que me acoge con fuerza.  Son solo un segundos, pero apoyada en su pecho no puedo estar mejor... justo ése quiero que sea mi sitio, para siempre. A las dos ya estoy preparándome para nuestra salida. Solo ver a Mateo hace esto en mi estado de ánimo, y pasar tiempo con él... ya ni hablemos. Cuando bajo, ya me están esperando en la entrada. Papá conduce y Mateo se sienta de copiloto. Yo me coloco detrás de mi padre, para poder ir viendo a Mateo durante todo el camino.  Me llevan a uno de los restaurantes donde suelen hacer las comidas de negocios, pero a verdad que en estos momentos el lugar no me importa demasiado. En cuanto llegamos nos colocan en una de las mesas más alejadas. — ¿Participarás este año en la competición? — Me pregunta papá, refiriéndose al concurso de piano en el que me inscribo cada año. — Supongo que sí — Respondo arrugando la nariz — Aunque todavía no sé qué canción voy a tocar. — ¿Por qué no la que tocabas anoche? — Pregunta ahora Mateo. — Está muy vista ya, tiene que ser una que... emocione, que diga todo, ¿sabes? Que la gente cierre los ojos para disfrutarla de principio a fin. Suena el móvil de papá, que se disculpa dejándonos solos para hablar en privado. — Pensarás en la canción perfecta, puedo ayudarte si quieres. — Mateo habla en voz baja. — ¿Si? — Claro, me gusta mucho la música clásica. Seguro que encontraremos una. — ¿Y estarás conmigo cuando ensaye? — Sin querer me inclino en la mesa, para tenerle más cerca. — Si es lo que quieres... — Se rasca la cabeza, con una pequeña sonrisa. — Mateo... si se trata de tenerte a centímetros de mí, lo quiero todo. — Alejandra... — Mira a todos lados. Ya empezamos, ¿por qué se incomoda tan pronto? Tampoco he dicho nada del otro mundo. — No, Mateo — Le aprieto la mano para que me mire — Déjame decírtelo, ¿vale? Sé que puede que lo sepas, que quizá disimules porque no te interesa lo que quiero decirte... pero necesito hacerlo. Necesito que lo tengas claro. — Respiro hondo, preparada para lo que estoy a punto de decir — Estoy enamorada de ti.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD