Me dirijo a la cocina nerviosa, con todo lo planeado, repasando una y otra vez todo lo que tengo que hacer. Ha llegado el momento, ya es la hora. Me siento en una de las sillas, al parecer soy la primera, imagino que Ángel habrá subido primero al despacho de papá y ahora bajarán. Milagros me mira cuando entro, y enseguida me suben los colores al recordar la escena de esta mañana. — Gracias, Mila — Le digo en voz baja. — ¿Cómo has sabido que...? — ¿Que subirías a la habitación de Mateo? — Me interrumpe terminando ella misma la pregunta — Respecto a él, eres muy poco disimulada, los sentimientos te salen por todos lados. — No puedo evitarlo — Respiro hondo, apoyando los codos en la mesa — Es sentir que está cerca y... todo se me acelera. — Y te entiendo, pero debes contenerte al menos

