Miro a Mateo un segundo, mordiéndome el labio que él acaba de besar, estoy nerviosa. Él está desconcertado, no se mueve, no sé qué debe estar pasando por su cabeza, pero no reacciona, por lo que decido actuar yo misma. Salgo todo lo rápido que puedo de la sala para intentar darle alcance a Ángel, al que de momento no veo por ningún lado, ¿de verdad va a ser capaz de ir al despacho de papá y contarle lo que acaba de ver? — ¡Ángel! — Grito desesperada cuando creo verlo al final de la escalera del segundo piso — ¡Espera un momento, por favor! Él ralentiza el paso y se gira hacia mí, ¡sí! Menos mal. Llego hasta él respirando con dificultad, él se queda esperando paciente a que me recupere, con las manos metidas en los bolsillos de los pantalones vaqueros. — No puedes decirle nada a mi pad

