Capítulo 19

1506 Words
— Vamos, Ale, una vez más — Insiste Raúl con la guitarra en sus brazos, sin parar de tocar. — ¿Otra? — Pregunto, apoyando el instrumento y destensándome por completo — Espera un poco, Ra. Estoy cansadísima. — ¡Pero si nos está quedando perfecta! — Sonríe para darme ánimos. — Solo una más. Al final le hago caso, tocando por última vez una de las canciones que más le gustan a mi mejor amigo. Aunque le dije que estaba enamorada de otro, no ha cambiado nada de nada en nuestra relación, ¡menos mal! Me encanta tenerle conmigo y que podamos pasar tiempo juntos. Mis sentimientos son para otra persona, pero mi Raúl siempre ocupará un gran espacio en mi corazón. Una media hora después, por fin me deja parar. — Vale, campeona — Se acerca a mí, besándome en la mejilla — Ahora cuéntame las novedades de tu chico misterioso. — ¿En serio, Ra? — Hago un mohín para que no siga preguntando. Sería egoísta por mi parte decir lo feliz y enamorada que estoy de otro sabiendo que él siente cosas por mí. — Pues sí, Ale. Ya hace un mes que me lo contaste, tengo ganas de saber quién es, es mi derecho como mejor amigo tuyo. — Pero si eso es lo de menos... puede ser cualquiera, Raúl. De verdad, no me hagas decírtelo. — Veamos... — Mira al cielo, torciendo la boca. — Si no quieres decírmelo es porque le conozco, ¿verdad? — No — Miento mirando para otro lado. — No me engañas, te conozco desde hace demasiados años, ¿es alguien de clase? Es raro... nunca te he visto hablando con nadie. — Arruga la nariz, como si del mejor investigador se tratara — ¡Para! — Río, pegándole un empujón. — ¡No lo sabrás nunca! — Oh, créeme que sí. Es un reto para mí, debo descubrirlo. Es de tus clases de piano, porque en guitarra... tampoco hablas con nadie que no sea yo. — A clase de piano solo va un chico, y tiene pareja. — Se me escapa, ¡no! Parece que le estoy dando pistas. Decido cerrar la boca y no decir ni una palabra más. — Pues me dejas sin opciones, Ale. — Suspira — Quizá lo hayas conocido por internet, no sé, eres muy rara. — No lo soy, el único raro aquí eres tú... — El ríe, dándome la razón. — Ambos somos raros — Concluye. — Pero de verdad, Alejandra. Solo quiero saber quién es para avisarle, decirle que nadie te puede hacer daño sin esperar represalias por mi parte. — Oh, vamos...Ra. Sé defenderme sola, no te preocupes. Vamos a tocar otra canción, quiero enseñarte algo. — ¿Ahora me cambias de tema? — Alza ambas cejas. — ¡Calla y escucha! — Suelto una nueva carcajada por su expresión y cojo la guitarra. — A ver qué te parece. Asiente, mirándome atento, y yo empiezo a cantar acompañándome con la melodía de mi querida guitarra. — No sé porqué me gusta así, tenerte tras mi espalda, pintándome palabras... — Raúl me mira sorprendido, ya que nunca había oído esta canción. Ni yo misma estaba segura de cantarla todavía. Noto una nueva presencia, Mateo nos mira atento apoyado en la puerta, siempre manteniendo cierta distancia. — Di que todo esto, tan solo es un vendaval, y me haré cometa. Di que todo esto, es una peli de acción, y arriesgaré la vida... — ¿Es nueva, no? — Pregunta mi amigo, yo asiento. — Es preciosa, Alejandra — Mateo se acerca a nosotros cuando he terminado. — No te la había oído cantar nunca. — La he ensayado muchas veces... pero hoy es la primera vez que lo hago ante espectadores, ¿te ha gustado? — ¡Es para ti! Quiero decirle, pero Raúl está delante, por lo que me contengo. — Me ha encantado. — Sonríe, guiñándome el ojo como si supiera que cada palabra cantada iba para él. — Debo entrar, hasta luego chicos. Lo miro alejarse, con su traje gris que le queda espectacular en ese perfecto cuerpo, no puedo quitarle los ojos de encima, lo prometo que es sin querer, pero sigo su camino hasta que desaparece. — ¡No me lo puedo creer! — La voz de Raúl hace que quite la vista de Mateo, tengo a mi amigo ante mis ojos, con cara de pocos amigos — ¡Es él! — Señala a Mateo. — ¿Qué dices? — Bueno... ¡sabes bien lo que digo! — Exclama — Es Mateo, ¿no? Asiento lentamente. A mi mejor amigo no puedo mirarle a la cara y engañarle sin más, es imposible. — ¿En serio, Ale? ¿No había nadie más? ¡Es el mejor amigo de tu padre! ¡Te conoce desde que casi eras un bebé! ¿Cómo has podido...? — No termina la pregunta, anda de un lado para otro, mirando al suelo sin parar de repetir cosas en voz baja que no entiendo. — ¡Pero si sabes que lo vuestro es imposible! — Sentencia al fin. — Quizá no — Me encojo de hombros. — ¿Le has dicho lo que sientes? — Asiento. — ¿Y él, te ha dicho que siente lo mismo, que te quiere, que está enamorado de ti? — No directamente... pero sé que lo hace. Sé que en el fondo siente cosas por mí. — Eso no es así. ¿Tú le dices que estás enamorada de él y ni siquiera te corresponde? No sé, Ale... no me huele bien. — Mueve la cabeza a ambos lados con desagrado. — Pero soy yo la involucrada, Ra. La que decide qué es lo que huele o no huele bien. Déjame hacer las cosas a mi manera, ¿vale? — Estoy enfadándome, hartándome de que todo el mundo opine. — Espero que no sea así, pero si te hace daño estaré aquí. Soy tu mejor amigo pase lo que pase. — Lo sé, y por eso te quiero tanto — Le doy un abrazo sincero. Solo espero que me entienda, aunque le cueste, como a todo el mundo, al final se dé cuenta y lo haga, aunque yo también comprendo que cada uno necesita su tiempo. Aunque no he querido admitírselo a mi amigo, creo que tiene parte de razón. Sé que Mateo sentía algo por mí algo, al menos eso había demostrado, pero a mí me hacía falta algo más... Ceno en silencio, pensando lo mismo, mirando a Mat de reojo alguna que otra vez. Él no me mira, lo que hace que dude todavía más, ¿y si había hecho todo eso para que yo no sufriera y en realidad nunca había tenido intención de que estuviéramos juntos? — ¿Podemos hablar ahora? — Le susurro cuando papá y mamá están enfrascados en una de sus conversaciones sobre trabajo. Él asiente levemente, sin apenas mirarme. Lo espero junto al piano, sé que vendrá, tiene que venir... — Hola pequeña — Entra sin la chaqueta del traje ni la corbata, solo con una camisa blanca con un par de botones abiertos que hacen que mi vista vaya directamente a su pecho. — Dime, ¿qué pasa? — Pues... verás Mateo. — Me muerdo el labio inferior mirando abajo, a mis dedos que se enredan unos con otros con nerviosismo. — Creo que necesito... algo más. — ¿Más? — Levanta mi cabeza para que nuestras miradas coincidan. — ¿A qué te refieres? — A ti y a mí. O sea, ya sé la promesa que tenemos, que dentro de unos meses estaremos juntos, pero no sé si de verdad llegará ese día. — ¿No confías en mí? — Quiero hacerlo, pero en tu actitud casi nunca veo que sientas algo por mí, ¿sabes? Es como si te sintieras mal porque te quiera, y te vieras obligado a hacer algo por mí, como prometerme una relación futura. — ¿En serio, mi niña? — Sonríe con tristeza — No sé cómo demostrártelo, nunca he sabido hacer estas cosas, pero siento... algo, de eso no dudes ni un segundo. — ¿Y qué es exactamente lo que sientes? ¿Cariño, ternura...? — No, Alejandra, verás... — Se sienta en uno de los gigantes sillones negros, apoyando los codos en sus rodillas y juntando las manos. — Cuando estoy en cualquier sitio y te veo llegar, mi pecho... es como si se ensanchara, ¿entiendes? Como si mi corazón me dijera que estás ahí. Es una ilusión... desconocida para mí. — Lo miro sin decir nada, esperando a que continúe. — Esto es difícil de contar... — No tienes por qué hacerlo, Mat. — Me agacho en medio de sus piernas, poniendo ambas manos en sus antebrazos. — Déjame hacerlo. Si ésta es la manera de convencerte de que estaremos juntos, lo haré. Te contaré cómo ha sido mi vida, y por qué me cuesta tanto poder ser feliz.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD