Como estaba previsto, a las dos veinte de la tarde Aysha se presentó en las oficinas Carlson. Santiago, el asistente de Edrick, la recibió con la misma actitud impecable y reservada que lo caracterizaba. La condujo hasta una oficina amplia, ordenada hasta el más mínimo detalle. Las estanterías estaban llenas de archivos clasificados con precisión y libros en varios idiomas, dispuestos como si cada uno ocupase el lugar que le correspondía por ley. El aroma a madera pulida se entremezclaba con una suave fragancia a bergamota, mientras de fondo sonaba una pieza instrumental de piano clásico que acentuaba la atmósfera de serenidad contenida. —El señor vendrá en unos minutos. ¿Desea algo de tomar? —preguntó Santiago, con su tono neutral y mirada imperturbable. —No, gracias. Esperaré a Edrick

