Una vez cerrado el portón, me senté en el escalón de la entrada observando el paisaje. Pocos minutos después, se abrió de vuelta el portón y yo me levanté hundiendo mis cejas. —¿Quién rayos viene sin avisar? —Me dije a mí misma. No hizo falta preguntarlo de nuevo, era Gregorio en compañía de Magda. —¡Ana! —Exclamó Magda al verme— ¿Cómo has estado? —Muy bien —La abracé— ¿Tú cómo te sientes? —Estoy bien —Se separó de mí y dio paso a Goyi para que me abrazara— ¿Y tú pequeño? —Acaba de irse con su papá y su padrino. —Ya te iba a preguntar de quien era ese auto —Dijo Gregorio mirando hacia el portón. —Sólo vinieron a buscar al niño, van rumbo a casa —Toqué el hombro de Gregorio para que me mirara— ¿Y usted a qué vinieron? —¡Ah! —Él enderezó su cuerpo y acomodó su ropa— Vinimos a invi

